El murmullo eléctrico

Echar a andar para encontrar el silencio de la naturaleza, que es buscar el callar del ser humano, querer encontrarse con uno mismo, sin quehaceres cotidianos de por medio.

Y de fondo escucho el sonido del mar de coches, de las carreteras que nos llevan a ninguna parte, yonkis del trabajo  mas o menos venía  a decir una pintada en un muro de una autovía.

Ese murmullo eléctrico, las torres que mantienen la comida de ayer fría, las que nos permiten mirar vidas artificiales a través de tubos de neón y cristal hasta la hora de dormir. ¿No será que ya permanecemos dormidos antes de ir a dormir?.

El murmullo eléctrico que me recuerda donde estoy cada vez que lo oigo, es decir, si le presto atención, todo el tiempo.

Bendito viento, que cuanto mas suenas, menos se oye el ruido que creemos que nos da la vida; que nos adormece.

Tendré que buscar un sitio remoto para no escuchar ese ruido, o quizás acabaré caminando por aquí con tapones en los oídos, perdiéndome el cantar de los pájaros, una cosa por otra. No se puede tener todo. Dicen.

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