Lo importante no le toca a la Asamblea

Por Rogelio M. Díaz Moreno

Unas pocas horas pasaron desde que yo soltara mi diatriba a raíz de la ausencia de discusión de algunos temas que me parecen de la mayor importancia, en las discusiones de la Asamblea Nacional o Parlamento Cubano, que en estos días celebraba su últimas sesiones del actual período legislativo y, en la misma clausura del magno foro el General en Jefe, Raúl Castro, abordó un par de ellos.

Avisó Raúl que el asunto de las cooperativas no rurales está a punto de caramelo y que la reforma migratoria, si bien se va a demorar un poco más, viene más o menos en camino aunque con muchas, tantas condicionales que probablemente tengamos mucha tela por donde cortar. Lástima que dejara pasar el tercer punto, del nuevo Código de Familia. Pero lo que me llama a mí la atención es lo siguiente.

Los asuntos que discutieron los diputados en la Asamblea de nuevo, lo de discutir es por decirlo de alguna manera fueron los siguientes. Uno: la famosa ley tributaria; dos: informes de algunos ministerios que pueden, un día, cuestionarse en cuanto a detalles menores pero, al final, el único que les dice sin cortapisas bueno, a veces lo mal que trabajan, es el Presidente Raúl; tres: informes de reuniones de otros altos órganos sobre lo mucho y duramente que están trabajando por implementar las políticas de mucho orden y de lineamientos que hacen falta para arreglar la economía. Alguna que otro tema suplementario que ahora no recuerdo trataron seguramente los parlamentarios, pero esos fueron los que recuerdo ahora como más importantes. Sobre la política para la creación experimental de cooperativas en actividades no agropecuarias apenas sirvieron los diputados para escuchar, del general presidente, que fue aprobada, con algunos detalles adicionales. Asimismo hicieron un buen auditorio receptor de las novedades sobre las modificaciones al importante Decreto Ley 259 y otros detalles importantes relacionados con las reformas agrarias que se vienen realizando desde hace cuatro años y, no podía faltar, el testimonio de Raúl respecto a que se siguen estudiando las incógnitas de la cuestión migratoria. Todo esto fue expuesto por el Presidente.

Mi impresión no sé cuál será la de otras personas es que todo lo importante se trata fuera del marco de la Asamblea Nacional. A esta solo le dejan el entretenimiento de aprobar por unanimidad algunos tecnicismos ya definidos por tecnócratas en otros círculos más restringidos. Ya sé que me van a decir que antes de las sesiones estas en conjunto, de unos días en julio y otros en diciembre, los diputados sí trabajaron mucho en comisiones particulares, puliendo muchos detalles para que luego todo esté listo. Pero si esto es así, tengo algunas propuestas a tono con la política de ajustes y austeridades promulgada por el Gobierno.

Sí, porque después de todo, estos eventos principales cuestan un buen dinero. Así que yo propongo que el Estado deje de asumir esos subsidios y gratuidades que hasta ahora aplican a la Asamblea, al evento central. Que el Estado subvencione solamente a las comisiones estas que trabajan tan discretamente, que nadie sabe nunca qué están haciendo, pero eso no viene al caso y preferiblemente subvencione solo a aquellos delegados de bajos ingresos, a la persona y no a la comisión completa. Que para la Asamblea grande, los diputados en general se paguen de su bolsillo todos esos pasajes para venir a pasear a La Habana, la estadía en el hotel, su alimentación que no es la de la libreta y los paseítos que eventualmente se den por el Capitolio. Si algún delegado no puede pagar el viaje de su bolsillo, puede efectuar una llamada telefónica, mucho más sencilla aunque sea a larga distancia, y dejar constancia de su adhesión a la unanimidad que corresponda en julio o en diciembre. Y enterarse de las cosas importantes que diga Raúl por el periódico o la televisión, como hice yo.

Para lo que producen las sesiones plenarias de la Asamblea, estas iniciativas pueden ayudar a que se satisfagan los objetivos con un espíritu mucho más ahorrativo, a tono con la filosofía de eficiencia que busca el gobierno en el funcionamiento de la economía y la sociedad.

Unas cosas piensa el elector y otras cosas piensa el elegido

Por Rogelio M. Díaz Moreno

Ahí está el flamante Parlamento cubano, reunido en la última sesión que van a celebrar los diputados en funciones. Y aprovechan para discutir una serie de cuestiones que esclarecen muy bien a cuáles intereses responden y a cuáles no.

Esto de los intereses, es cierto, se puede tachar de subjetivo. Sin embargo, yo desafío a cualquier interesado a salir a la calle en cualquier ciudad de Cuba y preguntar al azar; con seguridad, se va a demorar en reunir 10 personas que afirmen convencidas que no les interesa en lo absoluto el tema de la Reforma Migratoria. Solo le establezco una restricción: que no pregunte en la inmediatez del Palacio de las Convenciones, donde se reúne un grupo que, en el lenguaje de los investigadores, podríamos llamar sesgado. La abrumadora mayoría de las personas en el resto del país, o tiene parientes en el extranjero con los que le gustaría comunicarse con mayor fluidez; o tal vez podría trabajar un tiempo por allá afuera a cambio de un salario que sí alcance para cubrir las necesidades básicas de la familia, reunir algo y hasta tal vez regresar en mejores condiciones; o incluso pertenece a alguno de los grupos relativamente privilegiados, que pueden darse el lujo de salir un par de días a ver cómo es aquello por allá afuera… pero no pueden, pues tienen ante sí una odiosa barrera legalista que se los impide, bajo la exigencia de caros permisos de salida que el gobierno se arroga el derecho de otorgar o no.

Ya no se soporta más la charlita de quien te inculca lo malo que es el mundo exterior y la suerte de tener un papá-estado que te protege, una aristocracia que sabe qué es lo que más le conviene a la plebe ignorante. Ni menos que te exijan una fidelidad esclava por el resto de tus días, en pago por unos estudios o servicios médicos que uno pudiera retribuir con una cantidad razonable de trabajo propio. Las prohibiciones cubanas relativas a los viajes son simplemente violadoras de los derechos humanos, establecidos en varios documentos globales que nuestro gobierno, para mayor escarnio, se ha comprometido a respetar. Tanto se ha hablado de este asunto, tanto se ha aplazado, que alguna vez albergamos la esperanza de que en esta sesión del Parlamento que los cubanos elegimos, esta vez sí, se discutiera ese asunto y se adelantara aunque fuera un poquito. Pero no. Los elegidos no lo consideraron oportuno. En su lugar, decidieron apretar las tuercas en la Aduana a todas las personas que entren en el país con mercancías varias. Esto se explica por la preocupación del gobierno de combatir la industria de la reventa interna de estas mercancías en el país. Esto, a su vez, tendría sentido si se desea proteger a la industria nacional. Pero surge una duda, ¿cuál es y dónde está esa industria, a menos que se cuente la de la importación estatal de mercadería de mala calidad para revendérsela a la población con un IVA del 240%?

Justamente, muchos trabajadores cubanos desearían establecer una industria nacional. Pequeñas y medianas manufacturas podrían hacer florecer la deprimida economía del país con formas verdaderamente socialistas de producción, si tan solo se aprobara el mecanismo legal de formación de cooperativas de producción de bienes y servicios. Tanto se ha hablado de esto otro, se ha defendido tan vehementemente hasta en la prensa oficial, que se pudo llegar a creer que este era el momento en el que el Parlamento iba a escuchar el reclamo de los electores. Pero no. Los elegidos tampoco consideraron que esto fuera oportuno. En su lugar, se discute lo de discutir es una forma de llamarle al proceso previo a la aprobación unánime del documento la nueva Ley Tributaria. Al gobierno le interesa perfeccionar cada detalle del mecanismo de recogerle el dinero de los impuestos a los trabajadores del sector privado.

Otros electores que fueron dejados en la estacada fueron los del sector LGBT. Adiós esperanzas de aprobación del Código de la Familia, que contiene cláusulas reconocedoras de algunos derechos de estas personas. Como todos los demás ciudadanos en Cuba, los miembros de la comunidad LGBT son incitados fervorosamente a comportarse como buenos electores. Ah, pero ¿quién tiene la capacidad para incitar a los elegidos? Nadie la tiene, esto es, nadie con suficiente poder, y que además se sintiera predispuesto a terminar de asumir el principio de igualdad y de combate a las discriminaciones que debieran primar en una sociedad socialista. Parece que el gobierno ya sacó el suficiente crédito de las migajas que le otorgó a este sector y considera que ahora lo puede dejar en la cuneta. Más le interesa, a las autoridades, proseguir su enfrentamiento con los que le arrancan trocitos del pastel sin su permiso, y por eso arremete contra las ilegalidades y corruptelas de menor cuantía.

En fin, que pasó esta legislatura y dejó pasar la oportunidad de hacer historia. Los cambios de alguna trascendencia que ocurrieron en Cuba durante este quinquenio, partieron de ucasses del Consejo de Estado. El Parlamento, por su parte, se concentró en acápites esotéricos de un nuevo código de tránsito y sofismas semejantes en temas intrascendentes. La sociedad civil, sin organización ni representación pública fuerte, protagónica, democrática, no parece tener una manera de lograr que, aquello que ella piense, tenga un efecto diferente al del plañir de un borracho, al que le responde el bodeguero burlón: Hoy no fío, mañana… ¡tampoco!

Día contra la Homofobia y contra el Capitalismo

Por Rogelio M. Díaz Moreno

Hoy tuvimos un día agitado acá en La Habana. Como se hace ya tradicional por estas fechas, se celebra la Jornada Cubana contra la Homofobia, y este sábado se hizo la marcha que llena de colores a la calle 23 en el sector conocido como La Rampa, desde el cine homónimo hasta el Pabellón Cuba. Allá fuimos con las banderas arcoiris y hasta enarbolamos un cartel de los CHEHOs, o Cubanos Heterosexuales Enemigos de la Homofobia, que captó el foco de muchos lentes.

La conclusión de la marcha en el Pabellón incluyó las palabras de Mariela Castro Espín, la reconocida directora del CENESEX, y la lectura de la declaración del Grupo Hombres por la Diversidad. En general nos reunimos y alegramos un buen grupo de amigos.

Después hicimos una media en Coppelia y partimos para otro compromiso. Este de la tarde estaba relacionado con el movimiento mundial de los Indignados, que para hoy tenían convocado actos en todos los países donde se manifiestan, y nosotros (el Observatorio Crítico) habíamos decidido patentizarles nuestra solidaridad en su lucha contra el capitalismo y la explotación. La actividad estaba convocada para el parque de Salvador Allende (Carlos III) y Belascoaín, al lado de la efigie de Karl Marx, a quien pensábamos dejarle flores, cantar La Internacional y ese tipo de acciones. Algunos miembros del OC opinamos que se podían citar también como motivos de indignación para los cubanos, y sin ningún tipo de zozobra, porque no somos de los que hablamos de eso todo el tiempo, al bloqueo estadounidense contra nuestro país, que afecta sobre todo a las personas más humildes, así como al ensañamiento en el castigo contra nuestros cinco compatriotas; otros recordaron la protección de aquel gobierno a terroristas como Posada Carriles y el ejercicio de actos de terrorismo de Estado de las grandes potencias contra países menores; otros preferían concentrarse en los motivos que hacen al movimiento de los indignados más universal, lo que vendría a ser la iniquidad de la explotación capitalista, la rapiña contra el medio ambiente (se mencionó la próxima conferencia de Río+20), etc. Al final, y de acuerdo con los usos del OC, cada cual fue libre de indignarse contra lo que más molesto se sintiera.

A decir verdad, varios miembros del OC estábamos nerviosos, porque en los días anteriores habíamos recibido una serie de mensajes medio raros. Imagínense que nos habían tratado de contactar personas que olían a disidentes, de esos que defienden los principios del mercado y el pluripartidismo en Cuba o sea, los ideales capitalistas asegurándonos su apoyo. ¡¿Para una actividad anticapitalista y de homenaje a Karl Marx?! Bien, hay que reconocer que era algo raro. Compañeros de la Seguridad nos habían contactado, recomendándonos no realizar una actividad que se prestara a provocaciones.

No se le puede permitir a la derecha decidir qué hacemos los revolucionarios

La postura consensuada por los compañeros en el OC fue que no podíamos aceptar que por provocaciones de grupos de la derecha, ajenos a nuestros objetivos, se suspendiera la actividad. ¿Dónde vamos a parar los revolucionarios y socialistas cubanos, si los capitalistas empiezan a ser los que nos permiten o no hacer nuestras actividades? Así se lo explicamos a los compañeros de la Seguridad.

Así que se fue para el parque. Llegamos un poquito antes de la hora señalada y elegimos para esperar sentarnos en unos muros a la sombra, a pocos metros de varias personas posiblemente atentos a lo que pudiera ocurrir. Estábamos decididos a liberar nuestra alegría, nuestro coraje, nuestros sentimientos anticapitalistas. En un momento dado se nos acercó una persona que se presentó como periodista independiente y, aunque le respondimos diplomáticamente algunas preguntas discretas, se marchó cuando le manifestamos que no conocíamos personalmente a una figura por la que nos preguntó, la que, según él, estaba al tanto de algún tipo de amenazas que nos debían haber llegado.

Cuando ya estábamos todos reunidos, a las dos de la tarde, nos dirigimos a la efigie de Marx en el muro del parque, le depositamos las flores y establecimos nuestros principios al son de La Internacional. Estamos por hacerle una versión en rumba o en reggetón a ver si nos la terminamos de aprender, pero por el momento funcionó bien con el arreglo tradicional.

El Partido Comunista nos manifiesta su apoyo

Cuando ya estábamos por recoger, una persona que se unió a nuestra actividad y que, a decir verdad, no le estábamos dando mucha bola porque no lo conocíamos, se nos reveló como el secretario del Partido de la localidad. El compañero, cuyo nombre no recuerdo, nos comentó su satisfacción por haber presenciado las iniciativas de un grupo revolucionario, de jóvenes y veteranos, que nos manifestáramos dentro del cumplimiento de la ley por esos ideales que compartimos, contra esos fenómenos del mundo capitalista, en solidaridad con el Movimiento mundial de Indignados, etc. Sus palabras convocaron un aplauso para los compañeros de la seguridad que, ciertamente, alejaron las tiñosas que más nos preocupaban. También intercambiamos sobre las experiencias de participación en las marchas del pueblo cubano por el Primero de Mayo, y se recordó el aniversario reciente de la victoria sobre el fascismo del heroico pueblo soviético. Al final se quedó hablando con un par de compañeros nuestros sobre museos y figuras de la historia y el sindicalismo cubano, pero nosotros partimos, porque tenemos un nené que atender, y mucha, pero mucha tarea doméstica por delante este fin de semana.

“Burósofos” y talanqueras

Por Armando Chaguaceda

“Muchas veces mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica incaica trastrueca la peripatética anotrética de la filosofía aristotélica, por la inocuidad fáctica de los diálogos socráticos no dogmáticos. Yo siempre les respondo que no”
Les Luthiers “El regreso del indio”, 1999
Miguel Limia. Foto: Diario Trabajadores

Miguel Limia. Foto: Diario Trabajadores

Una tarde lluviosa no es el mejor momento para leer ciertos textos, pues ponen nuestro humor del mismo color del cielo nublado. Eso me sucedió cuando leí, atraído por el sugerente título “Acercar el futuro desde el pensamiento”, una crónica aparecida hace unos días en el periódico cubano Trabajadores.

El entrevistado, Miguel Limia, es un rostro bien conocido dentro de la academia cubana por su desempeño como funcionario y miembro de tribunales de postgrado. Es autor de algunos textos sobre cultura política y pensamiento cubano que —con independencia de los juicios que sobre ellos pueda tenerse— formarán parte de cualquier futuro estudio panorámico de las ciencias sociales de la etapa revolucionaria. Y forma parte de un grupo de académicos que realiza grandes esfuerzos por reciclar enfoques heredados del Comunismo Científico —aggiornandolos con aportes del estructural funcionalismo y un léxico tecnocrático-gerencial— para construir algo bautizado una “Nueva Ciencia Política desde el Sur”.

En el artículo, al abordar el estado de las Ciencias Sociales isleñas, Limia regala al lector un conjunto de frases cuya forma y contenido me hizo recordar las ya clásicas presentaciones del grupo argentino Les Luthiers y las viñetas de Peter Capusotto. Haciendo gala de socrática sabiduría, el entrevistado expresó “Las Ciencias Sociales cubanas estamos defendiendo una epistemología de nuevo orden, cuya manera de producir el conocimiento se basa en el análisis de las contradicciones dialécticas de la cotidianidad”. Ante tan profunda sentencia, uno se queda pensando si acaso toda ciencia social que se respete puede hacer otra cosa que no sea atender a la evolución y contradicciones de la realidad en la cual está inmersa.

¿Dónde estarían, los fundamentos epistemológicos y teóricos de semejante innovación criolla, anunciada por el filósofo? Sin explicar los enfoques y procedimientos alternativos que abrirían las nuevas sendas de conocimiento y conociendo —por un medio autorizado— la prolija formación y desempeño del entrevistado uno solo puede intuir que la frase constituye una síntesis magistral de dos poderosas tradiciones de la filosofía occidental y latinoamericana: el gatopardismo y el cantinfleo.

Al leer aquel texto me percaté que estas alusiones de Limia eran un digno ejemplo de eso que alguna vez he llamado “pensamiento burosófico”, una suerte de sabiduría de buró donde la lógica del puesto determina la sustancia del discurso. Se trata de una forma de “filosofar” donde las ideas se presentan con el mayor grado de pompa y abstracción que ojos humanos hayan visto; donde la frase inflada sustituye al contenido ausente. Algo bien distinto al magisterio de mi vieja profesora de Economía Política, que “aterrizaba” la verdadera ciencia marxista y superaba los dogmas y la precariedad material de su existencia para llevarnos fotocopias de textos keynesianos y neoclásicos, que discutíamos con la única limitación de los escasos 90 minutos de su clase. Continue reading

Qué le pidiera yo a la Conferencia del partido

Por Rogelio M. Díaz Moreno

Yasmín S. Portales, Isbel Díaz, Rogelio M. Díaz, Jimmy Roque

De izquierda a derecha: Yasmín S. Portales, Isbel Díaz, Rogelio M. Díaz, Jimmy Roque, durante la última jornada de lucha contra la homofobia

Hay unos cuantos que pensamos, ya que de ideologías se trata, que la pretensión de pasar de ellas solo esconde el cinismo de los que propugnan las supuestas bondades del libre mercado –aunque reclaman a gritos el salvavidas de los estados, cuando lo que han robado del 99% de los demás ciudadanos del mundo no les parece suficiente para satisfacer sus ambiciones. Entonces, no me avergüenza pensar que alguna me puede servir. Claro, que una ideología civilizada debe cumplir ciertas condiciones. Por ejemplo, las delegaciones cubanas a los eventos cumbre de la Organización de Naciones Unidas, en los últimos años, han enarbolado un principio por el que voto con mis dos brazos, esto es, el de todos los derechos humanos para todos.

Entonces, en un momento dado pensé que la Conferencia iba a recoger los temas pendientes del Congreso en este sentido de redefinir el modelo de sociedad que se desea para nuestro pueblo, desde ese punto de vista cívico-social, pero luego de adquirir el folleto respectivo en un estanquillo, estoy un poco menos seguro respecto a mis expectativas.

Tal vez se pueda considerar que estoy entrando en un terreno que corresponde únicamente a los militantes del Partido, pero como lo que este decide afecta en la práctica todos los cubanos, nos asiste el derecho a intervenir.

Se puede considerar que cuando las principales fuerzas de la Revolución de 1959 se agruparon en un refundado partido comunista, estaban definiendo el  modelo de sociedad que debería funcionar a partir de ese momento con los aportes de las fuerzas más progresistas del momento, lo que debió haber alcanzado su forma más definida con la proclamación de la nueva Constitución en 1976, aunque por ser nuestro país como es, las cosas en la práctica nunca fueron del todo como en la teoría. El caso es que, a estas alturas, obviamente hay que remodelar unas cuantas de esas cosas a partir del reconocimiento de que ya no funcionan “ni para nosotros mismos”. Pero de las cosas que más me preocupan, no veo mucho en los lineamientos propuestos para la nueva reunión.

Vamos a empezar por los ejemplos simples. Supongamos que yo reconozca que María y Pepe son trabajadores ejemplares, por lo tanto muy dignos y merecedores de integrar lo que se califique como vanguardia, y sean electos para el Partido y demás. Eso no significa que yo considere que el juicio de ellos es superior al mío para decidir si un humilde servidor necesita la autorización de niveles superiores para salir del país por una visita, por trabajo, para emigrar o por las razones que sean. O que ellos sean los que tienen que conceder a las personas, graciosamente o no, la posibilidad de realizar con bienes que supuestamente son suyos, sus derechos de posesión –para colmo, decisiones que deben tomar solo en Congresos de irregular celebración.

Amén, de que hasta donde conozco, ni Pepe ni María creen que deban arrogarse tales prerrogativas. Tampoco me parece que sea el dirigente del Partido en una región el facultado para decidir si ciertas actividades económicas por cuenta propia se pueden realizar o no; para colmo, este dirigente no es ni siquiera elegido, ni responde, ante María y ante Pepe. Para interpretar la aplicabilidad de las leyes, considero, deberían trabajar los comités de especialistas en la legislación, inevitablemente sujetos al escrutinio y mandato del único Soberano universalmente admisible, o sea, la ciudadanía. Para cambiar las leyes, ok, eso es más complicado, pero tampoco procede una fuerza, que integra a menos del 10% de la población, determinar ejecutivamente el destino de la nación. Continue reading

Será marxismo, ¿será?

Por Rogelio M. Díaz Moreno

En estos últimos años, parecen verse algunas señales desde las altas esferas que indican cierta voluntad de rescatar la filosofía marxista, reimpulsar su estudio, celebrar eventos y todo ello. Pues bien, en estos nuevos escenarios por donde nos movemos, ahora que ya es bueno (casi) todo lo que antes era malo las divisas, vender tu carro o vivienda, ir a un hotel, tener celular y trabajar sin que sea para el Estado, un humilde servidor que no sabe mucho de filosofía y marxismo se pregunta si no estaremos viendo la aplicación diáfana de los teoremas marxistas más elementales.

En la calle 23 del municipio capitalino de Plaza, por ejemplo, y en muchas otras vías importantes o no tanto, florecen los negocitos por cuenta propia, ya sea de venta de mercaderías o de servicios varios. Los establecimientos equivalentes del Estado, por contraste, languidecen. Se me ocurre si no tendrá que ver con aquella parte de El Capital donde se explica que las formas económicas que explotan más eficazmente la fuerza de trabajo son las que vencen en la marcha larga. Lo mismo, pienso, se puede aplicar a la actividad agrícola cuyo principal motor parece ser la entrega de más tierras a campesinos privados, mucho más productivos que los obreros agrícolas de las granjas administradas por el gobierno.

En más de 50 años, el mecanismo de acumular sistemas de control y burocracias y llamados a la conciencia y el patriotismo y la disciplina, habrá producido hipertrofiados aparatos de dirección, pero nada capaces de competir hoy con la más elemental célula económica privada. A mi modesto entender, los dirigentes de alto nivel podían encontrar la explicación teórica de este problema en los mismos manuales que orientaban estudiar, pero parece que no la buscaban allí. Ahora la respuesta se ha impuesto con mucho dolor, en la práctica hasta los niveles de merolicos y concentraciones disimuladas de medios de producción pero, sin el reconocimiento teórico consciente de esta realidad y su estudio colectivo para sacarle el mejor provecho, un día de éstos se nos abre la caja de Pandora.

Y mientras solo sean cubanos, ya es seria la cosa. Pero cuando son las empresas extranjeras las de mayor empuje en el asentamiento de empresas explotando la fuerza de trabajo cubana, ¡ay mamá!

Tengo otro escenario que creo que se explica por la también marxista Ley del Valor. En la industria azucarera, por decenios el Estado recogía el fruto del trabajo de los centrales (el azúcar y sus derivados) y entregaba a cambio a las empresas lo que estimaba conveniente, que se traducía en pagar salarios, efectuar algunas reparaciones, etc. A todas luces, esto no fue suficiente para mantener capitalizadas a las empresas. Los administradores de este ministerio, ¿no conocían la ley marxista, o apretaban firmemente los ojos para no ver la ruina creciente delante de sí?

Finalmente, otra pedrada mía en esto del marxismo para que la rebatan los que saben más que yo. Decía Marx que lo menos que podía pagarle el patrón a su fuerza de trabajo era lo mínimo indispensable para la reproducción de esta. Si lo que recibe esta fuerza de trabajo es menos de lo que necesita para alimentarse y adquirir los bienes materiales y espirituales mínimos y con el desarrollo del mundo, esos bienes mínimos crecen en cantidad y calidad la fuerza de trabajo sufrirá un detrimento inevitable. ¿Será que hay una relación entre lo magro de nuestro salario, y el envejecimiento y decrecimiento de la población cubana, con sus bajos índices de natalidad y altas tasas de emigración? ¿Serán, tantas de nuestras realidades, comprensibles mediante la aplicación de la teoría marxista?

Cuestión de clase. Entrevista a Javier Ugarte

Viernes, 7 de octubre de 2011- El filósofo asturiano Javier Ugarte, autor de Sin derramamiento de sangre y Una discriminación universal, presentó en Argentina su último libro, Las circunstancias obligaban (Egales), donde analiza la homosexualidad con herramientas del materialismo histórico: represión o liberación no son independientes de los modos de producción, ni de los mandatos económicos de cada época.

Por Facundo Avalo y Pablo Bylik *

En Las circunstancias obligaban, usted establece una relación entre clase social y homoerotismo, y habla de dos momentos bien diferenciados en esa relación. ¿Qué caracterizaría esos dos momentos?

En el libro se documenta la existencia de una primera generación identitaria, anclada en medios obreros y marcada por la estructura sexo/género, lo que provocaba una escisión entre quienes cumplían su rol de género, como maricones y femmes (mujeres femeninas) y quienes lo alteraban, caso de maricas y bolleras. La segunda generación, alentada por la clase media, se estructura en torno del principio de orientación sexual, lo que sintetiza a bolleras y femmes bajo el principio del lesbianismo y a maricones y maricas bajo el de gays. La lesbiana hereda de la bollera su completa dedicación al homoerotismo y de la femme su adecuación al rol de género, al tiempo que el gay hereda del marica una vida de placeres exclusivamente homoeróticos mientras del maricón hereda el rol de género, incluso hasta el extremo (como los culturistas). El enorme crecimiento de la clase media a partir de la Segunda Guerra Mundial conllevó un predominio de esas clases y, con ello, el desplazamiento de la primera generación identitaria por la segunda.

¿Cómo se fue estableciendo históricamente la relación entre homosexualidad y clase?

Esa relación constituye, en realidad, un subapartado del conjunto sexualidad y clase. Tomemos un factor de primera importancia, la natalidad. Los estudios muestran que las damas (las mujeres de clase alta) alumbraban menos hijos que las obreras y que los primeros vivían más años que los segundos. Paralelamente, un homosexual con recursos disponía de medios para luchar contra la represión de los que carecía un obrero: el primero, de ser detenido en una redada, intentaba sobornar a los policías y, si esto no funcionaba y era sometido a juicio, entonces contrataba abogados. La diferencia conllevaba que, como muestran los archivos, el grueso de los homosexuales enviados a prisión fuesen de clase humilde mientras los adinerados apenas eran sancionados.

¿Cuáles serían los modos de superación de los ordenamientos históricos?

El libro analiza la sociedad desde criterios materialistas y, en concreto, marxistas. Desde esa perspectiva, la vivencia del homoerotismo depende del momento histórico y la clase social; así, la sodomía renacentista se desarrolla desde patrones diferentes a la homosexualidad del siglo XIX, aunque ambas puedan estudiarse desde un sustrato común: el homoerotismo. Cada modo de producción tiene una ley demográfica específica y, por lo tanto, una política de los placeres; la posición del individuo frente a las dinámicas que proceden de estos campos constituye el factor clave para comprender sus apuestas vitales.

¿No podemos pensar en la segregación de las diversidades por fuera de la condición de clase?

Existe segregación por cuestiones de edad, capacidad y género, entre otras. Ahora bien, si cambiamos de clase a la persona, la segregación se transforma: un varón afeminado de clase baja no sufría el mismo proceso de marginalización que otro de clase baja. Igual sucede con inmigrantes ricos y pobres; los factores negativos ligados a la inmigración siempre se asocian con los segundos. Por lo tanto, la clase social constituye un factor de primer orden para entender la vida de un individuo.

¿Por qué cree que, siendo tan importante, casi nunca se analiza el factor clase en las investigaciones sobre género?

El feminismo trabajó las cuestiones de clase hasta los años 70. Luego, con la crisis del discurso moderno, estos análisis desaparecieron del panorama cultural para dejar paso a formas de posmodernidad, como la deconstrucción o el análisis lacaniano. Por lo tanto, el abandono u olvido feminista guarda relación con un movimiento de espectro más amplio (la posmodernidad) que, siguiendo a Frederic Jameson, aún no sabemos si constituye el fin del proyecto moderno o una crisis de carácter temporal, aunque me inclino por lo segundo. En mi opinión, la crisis actual que asuela el Hemisferio Norte conllevará un replanteamiento de los sistemas de análisis social y, en esa medida, resulta factible recuperar los análisis de clase.

Usted afirma que no hubo una prohibición sobre lo afectivo, pero sí sobre el orden sexual en lo homoerótico. ¿A qué se refiere exactamente?

Los poderes públicos apenas se conmueven ante los afectos, pero actúan ante los comportamientos porque éstos repercuten en el espacio público. De nuevo, el tema de la natalidad es paradigmático: el hecho de que los varones dedicaran su cuerpo a la reproducción (y a cuidar y mantener luego de sus descendientes) o a placeres estériles constituía un factor de primera importancia en siglos que han sido la mayoría, donde las autoridades intentaban elevar la natalidad con todos los medios a su disposición. Frente a ello, el hecho de que dos mujeres o dos varones se amasen espiritualmente apenas perturbaba las relaciones sociales.

¿Cómo explica la emergencia de movimientos que pugnan por un cambio en sus condiciones de vida y de reconocimiento? ¿Cuál sería su lectura sobre el caso argentino en estas luchas?

Ante un país como la Argentina, con menor clase media que en Europa y Estados Unidos, el hecho de que los grupos de homosexuales hayan buscado la unión de identidades homoeróticas en proyectos comunes (matrimonio igualitario, ley de identidad de género) constituye una muestra de sensatez y un acierto político. Es probable que en este país la segunda generación identitaria no hubiera tenido fuerza para conseguir esos derechos por sí sola, además de constituir una injusticia el olvido de la primera generación cuando sus elementos (entre quienes se puede incluir a las travestis) aún se encuentran vigentes. De ahí el nombre de los grupos: Glttbi. La diversidad sexual constituye la suma de todas estas fuerzas.

¿Considera que algunas reivindicaciones fueron funcionales al mercado?

Supongo que se trata de un proceso ineludible, como todo lo que guarda relación con las apuestas de las clases media y alta: una vez que desaparece la represión, puesto que sus integrantes disponen de recursos, surgen empresas fundadas o no por homosexuales que se proponen satisfacer sus demandas. Si la clase media hubiera apostado por identidades diferentes a las de lesbiana y gay, el mercado también estaría atento a ofrecerles productos y servicios especializados.

¿No considera que algunas luchas políticas atravesaron un proceso de domesticación al ser incorporadas al campo académico?

Es mayor el peligro de que el campo teórico de las luchas desaparezca por falta de medios y sostén de quienes trabajamos de espaldas a la universidad. Aunque la institucionalización conlleva un riesgo de domesticación, existen formas de luchar contra una asimilación acrítica, mientras la falta de apoyo conlleva una precariedad que, a menudo, se traduce en irrelevancia política.

* Docentes e investigadores de la Facultad de Periodismo y Comunicación/UNLP.

Tomado de Soy, suplemento de Página 12, http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/soy/1-2146-2011-10-11.html