A proposito de “La formacion de la clase obrera en Inglaterra” del Hippie Thompson

Class also acquired a peculiar resonance in English life:

Everything, from their schools to their shops, their chapels to their amusements,

Was turned into a battle-ground of class…

They fought, not the machine,

But the exploitive and oppressive relationships

Intrinsic to industrial capitalism. (832).

E. P. Thompson; la formación de la clase obrera en Inglaterra; la formación de la clase obrera en Inglaterra; Editorial Critica; Barcelona; 1989

Primero es importante las claridades que en la introducción hace el autor a propósito de la clase obrera; el autor afirma que “la clase obrera no surgió como el sol, a una hora determinada. Estuvo presente en su propia formación” (xiii); cuando habla de la definición de clase el autor propone es un “fenómeno histórico que unifica una serie de sucesos dispares y aparentemente desconectados, tanto por lo que se refiere a la materia prima de la experiencia, como a la conciencia… algo que tiene lugar de hecho (y se puede demostrar que ha ocurrido) en las relaciones humanas. (xiii); En cuanto a la clase obrera afirma que nace “cuando algunos hombres, de resultas de sus experiencias comunes (heredadas o compartidas), sienten y articulan la identidad de sus intereses a la vez comunes a ellos mismos y frente a otros cuyos intereses son distintos (y habitualmente opuestos) a los suyos. La experiencia de clase esta ampliamente determinada por las relaciones de producción en la que los hombres nacen, o en las que entran de manera involuntaria. La conciencia de clase es la forma en que se expresan estas experiencias en términos culturales: encarnadas en las tradiciones, sistemas de valores, ideas y formas institucionales” (xiv), lo que hace que no solamente la clase sea un fenómeno histórico sino una relación social.

El primer capitulo, Innumerables miembros, relata la historia de la Sociedad de Correspondencia de Londres, que fue el primer núcleo organizativo que el autor identifica como conciente de antagonismo en la Londres del siglo XVIII rememora sus líderes, funcionamiento y principales acciones, que la constituyen en el primer referente de antagonismo frente a las clases que actúan desde el parlamento. El segundo capitulo sigue la huella que se construye desde la tradición de la disidencia, poniendo cuidado al desarrollo de las ideas en las iglesias cristianas y protestantes que existían en el siglo XVIII, es por esto que afirma “la historia intelectual de la disidencia se compone de coaliciones, cismas, mutaciones; y a menudo se tiene la sensación que las semillas en estado latente, del radicalismo político se encuentran en su seno, dispuestas a germinar siempre que se siembren en un contexto social benéfico y esperanzador” (25); Metodistas como cuna del radicalismo, que de la mano de el jacobinismo dieron origen a la tradición de la disidencia.

El tercer capitulo, los baluartes de Satán, busca explorar el mundo de las minorías articuladas que surgen de una mayoría menos articulada cuya conciencia se puede describir , en ese momento, como “sub-política”; compuesta de superstición, religiosidad pasiva, prejuicio y patriotismo” (45), de cuyas expresiones políticas se encuentran los motines espontáneos y la utilización deliberada de la multitud para ejercer presión, pero en ultimas son acciones que expresan modelos de comportamientos arraigados, “amparados en la vieja economía moral, donde en casos se encontraba un esfuerzo por volver a imponer la vieja economía moral contra la economía de mercado. Estas multitudes que apoyaron lideres, están en camino de convertirse en multitud radical con conciencia de si misma” (62)

El capitulo IV, el ingles libre por nacimiento, plantea aquel mito de la libertad que tenían los ingleses construido históricamente (y en especial en relación con la del yugo normando) y en especial, en función de los imaginarios que tienen hombres y mujeres de los sectores subalternos al inicio del siglo XIX; derecho que exigían estos respetarse como un consenso moral en que participaban con su gobierno que estaba obligado a obedecer. En momentos es un mito que sustenta el localismo, en otras el anti-centralismo. En parte ese fue también el espíritu de Los Derechos del Hombre, de Paine, y por lo tanto el efecto en sus lectores. El Capitulo V, Plantar el árbol de la libertad, explica precisamente éste efecto de Paine sobre los ingleses, el proceso que llevo a la identificación de la sociedad inglesa como una excluyente de los sectores pobres, en donde la ciudadanía solo era efectiva para Lores, haciendo ir de agitaciones a persecuciones, y de radicalizaciones a cárceles; De la organización de los artesanos y trabajadores, a la promulgación de leyes acallándoles. Es así que “en tanto los años que van de 1791 a 1795 proporcionaron el empuje democrático, fue en los años de represión cuando se puede hablar de la maduración de una inequívoca “conciencia obrera de clase” (188), fue la época de movimiento hacia la izquierda de lo que después terminaría siendo al clase obrera.

El capitulo VI, la explotación, plantea como “entre 1790 y 1830 es la formación de “la clase obrera”. Estro se revela, primero, en el desarrollo de la conciencia de clase; la conciencia de una identidad de intereses a la vez entre todos estos grupos diversos de población trabajadora y contra los intereses de otras clases. Y en segundo lugar, en el desarrollo de las formas correspondientes de organización política y laboral” (203), pero en especial esta clase es posible por “la naturaleza verdaderamente catastrófica de la Revolución Industrial, así como algunas de las razones por las cuales en estos años se conformo la clase obrera inglesa. El pueblo estaba sometido, a la vez, a una intensificación de dos tipos de relaciones intolerables: las de explotación económica y las de opresión política” (208)

En el capitulo XVI, La conciencia de Clase, esta planteado que ya para las primeras décadas de el siglo XIX se encuentra una conciencia “de los intereses y predicamentos como clase” (711) donde “la gente trabajadora esta conciente de la continuación de antiguas y nuevas batallas propias” (712). De esto el autor se da cuenta por que observa la conformación de una cultura radical que ha propagado esta conciencia; esta cultura radical se basa, primero, en al difusión de una cultura intelectual de forma escrita acompañada de espacios de socialización (cafés, clubes, etc.), que produjeron desde la parodia y la sátira una cultura artesana librepensante. Esto hizo que precisamente la lucha por la libertad de prensa y pensamiento -y en consecuencia la libertad de discurso, de reunión y por supuesto la libertad personal- fueran las que definiera las características esta cultura radical. La multiplicación de esta cultura no hubiera sido posible si además de la cultura escrita no se hubiera dado también la multiplicación de escuelas, el teatro o las mismas baladas, estas ultimas mas propias de una cultura plebeya, cultura fuertemente marcada por el metodismo y el racionalismo lo que conjugado será nombrado por el autor como sobriedad moral. Junto a esta sobriedad “la cultura artesana se nutrió de valores de investigación intelectual y mutualismo”(743).

Tras este primer análisis, el autor seguirá el recorrido de la cultura intelectual, haciendo caso a los hombres que forjaron identidades entre los trabajadores. Primero plantea como William Cobbett “creó esta cultura intelectual radical, no por que hubiera ofrecido sus ideas mas originales sino por que encontró el tono, el estilo y los argumentos que le permitieron al tejedor, al maestro de escuela y al constructor de barcos tener un discurso común. Fuera de la diversidad de quejas e intereses el trajo un consenso radical”(746). Consenso que fue vivido en las discusiones que produjo su Political Register en los escenarios artesanos que permitió “nutrir el antiintelectualismo y el oportunismo teórico (enmascarado como empirismo “practico) que permanece como una importante característica del movimiento laborista británico” (755).

Tras el auge de este autor vendrían a marcar otros la formación de la conciencia de clase en Inglaterra, entre los que se encuentran “la tradición Paine-Carlile: los utilitaristas de la clase obrera y los Gorgon; Los tradeunionistas alrededor de John Gast: y la variedad de tendencias asociadas con el Owenismo” (762), precisamente este ultimo que “contenía dos elementos que nunca se fusionaron completamente: la filantropía del iluminismo elaborando “nuevos sistemas” acordes a los sistemas de utilidad y benevolencia: y las experiencias de aquellas secciones de obreros que seleccionaron nociones del stock del owenismo y las adaptaron y desarrollaron para relacionarlas con su propio contexto” (786), donde a pesar de la intención de Owen con sus experimentos en New Lanark, sus enseñanzas fueron apropiadas de forma distinta y acorde a las necesidades de los trabajadores, sus ideas de cooperativismo fueron parte de el proyecto mas radical en al cultura obrera.

El capitulo concluye con una reflexión sobre el momento en que la clase obrera no esta haciéndose sino ya esta hecha, la cual debe ser vista de dos formas “hay una conciencia de identidad de de los intereses entre los hombres trabajadores de las más diversas ocupaciones y niveles de logros, que estaban consagrados en diferentes formas institucionales , y que eran expresados en una escala in precedente de Unionismo generalizado entre 1830-1834 (…)en la otra mano, estaba una conciencia de identidad de los intereses de las clases trabajadoras, o “clases productivas”, como antagónicos a aquellos de otras clases; y entre ellos ha madurado el clamor por un sistema alternativo. Pero la definición final de esta conciencia de clase era, en gran parte, la consecuencia a la respuesta de la fuerza de la clase obrera a la clase media”(807). Ya es una clase que subvierte el poder, y que va construyendo varias agendas de discusión y acciones, primero frente al sufragismo, pero también en temas como el internacionalismo y el sindicalismo industrial.

Es interesante ver como el profesor Thompson logra desarrollar su tesis sobre la formación de la clase obrera resaltando los distintos elementos característicos de este proceso: el surgimiento de un antagonismo, que inicialmente es politico, que plantea intereses compartidos con unos y diferentes a otros (esto es para el caso ingles materializado en el origen de la sociedad e correspondencia); la convergencia de una tradición radical que viene forjando disidencia y que permite hablar de una tradición ideológica; La confluencia a su ves de las identidades nacionales en el pensamiento de los trabajadores, pero estos revistiéndolo de una lectura que parte de sus necesidades y sus quereres (para el caso del ingles libre por nacimiento); El aparecimiento de nuevas ideas que están de acuerdo con el momento histórico, y que reúnen buena parte de los imaginarios que las clases populares han venido forjando (Tomas Paine y otros); La identificación de la explotación económica y al exclusión política, que sienta pie para la organización social. Y por ultimo la materialización de una conciencia de clase, de una conciencia de colectivo que habla de esa lucha que establecen las personas de forma autonomía gracias a discursos e ideologías propias mediante formas organizativas que están dirigidas por ellos mismos.

Si se observa, esta descripción lo que podemos deducir es que las clases sociales, independientemente del momento histórico, pueden irse evaluando con una de estas características, y así poder desde el análisis del antagonismo, establecer cuales son los grupos y las identidades que cada uno maneja en su devenir. Hay que ser claros, y esa es la invitación del autor, las clases tienen su propia historicidad y esto hace que no podamos simplemente construir un modelo de presente y retrocederlo; Pero lo que si creo que el autor permite para este análisis de las clases sociales, es ver como la clase no solo corresponde a su rol económico como resultado del lugar de producción de sus participantes, sino además desde la forma en como políticamente esta articulado al sistema, y a su ves cuales son las características ideológicas y culturales que recubren sus acciones y discursos.

Es importante señalar tres cuestiones que pueden ser problemáticas en el libro de Thompson: Primero, es definitivamente su intención la de retratar una clase que es más que sus lideres o su vanguardia, pero cuando comienza a describirla, especialmente al hablar de al consciencia de clase, se concentra excesivamente en la figuración de los autores que propagandizaron ciertas ideas que asumieron los hombres de esta clase. Más está Paine, Cobett, entre otros, retratados que el resto de los hombres. Si bien es cierto que son importantes estos sujetos, el autor mismo esta constantemente diciendo que es el pueblo el que compone realmente la clase. Seguramente una de las limitantes, y este es mi segundo punto, que tiene este autor y por lo cual comete este error es el tipo de fuentes. Estas son más que todo las escritas, y dejan por fuera a buena parte de la clase que es iletrada y analfabeta. Como superar esta limitante, como buscar nuevas fuentes, como no remitirse únicamente a lo escrito?: hay otras fuentes que los historiadores debemos empezar a utilizar que nos pueden hablar mas de los subalternos y de los que no dejaron huella en lo escrito, estas fuentes son las que nos permiten ciencias como la geografía histórica y la arqueología industrial entre otras.

Por ultimo siento que como buen comunista (a pesar de si mismo) el autor sufre de un teleologismo que aunque es débil, allí está. Es evidente esto cuando el autor plantea que los obreros fueron construyendo su conciencia de clase con esta identidad antagónica, y que al final termina siendo el Owenismo la materialización de esta fuerza; a mi parecer el autor termina haciendo de un sujeto revolucionario, como Owen, casi la explicación indirecta de la conciencia de clase consolidada de los obreros. Si bien es cierto que Owen pudo fortalecer esta consolidación como clase, no puede entenderse el camino de la clase como si estuviera volviéndose automáticamente revolucionaria (y recordemos que a pesar de que Owen no es socialista como tal, si es uno de los padres del socialismo moderno –será este amor que eleva al autor a este final?). En esto me parece que Thompson esta mas cerca de Hobsbawn que lo que en todo el libro había estado.

A pesar de estas críticas, este libro no solo es ya un clásico con todo el derecho, sino que se mantiene como una fuente de reflexiones historiográficas y teóricas que ayudan a rejuvenecer el análisis de la sociedad.

A proposito de… Diccionario Anarquista de Emergencia

En la pasada feria del libro se hizo la presentaciòn de un texto que recoge lo mejor de los pensamientos de un par de anarquistas colombianos; a este evento de lanzamiento, invitaron a un profesor que aunque no milita abiertamente ha demostrado en muchas de sus expresiones y acciones las practicas de un anarquista. Ya que el texto de su intervencion no se ha difundido lo suficiente, y considero que es una bonita reflexion acà lo dejo:





El Acratario

(A propósito de un libro llamado Diccionario Anarquista de Emergencia)

Los diccionarios son el ejemplo gráfico de un sistema autoreferente, autopoiético y autoorganizado. Sus términos son definidos con otros términos contenidos en el mismo diccionario, dentro de una lengua o un saber que garantiza su propia estructura y reproducción, y establece la organización de sus elementos. Por tal razón, los diccionarios son tan pesados y redundantes como la descripción que acabo de hacer, graves como la sociología de Luhmann; útiles para entender el orden de las palabras y los conceptos, pero no para emanciparse de ellos; conservadores como las Reales Academias de la Lengua; totalitarios como sus autores, quienes intentan encerrar el pluriverso del mundo en el universo de los signos. Son museos semánticos que nos llevan a evocar a Kropotkin: “¡Pobre Velásquez! ¡Pobre Murillo! ¡Pobres estatuas griegas que vivían en las acrópolis de sus ciudades y que se ahogan hoy bajo los cortinajes de paño rojo del Louvre!” (Voz antimuseo).

Por fortuna para ustedes y para mí (pues no sé cómo se presenta un tesauro, quizás palabra por palabra hasta el aburrimiento final), el Diccionario Anarquista de Emergencia de Juan Manuel Roca e Iván Darío Álvarez no es un diccionario, sino un acratario, un laberinto que emerge detrás del Maestro de Escuela de Magritte y empieza por la A de la anarquía, donde cada muro es una salida, o una entrada a otro laberinto o a un campo abierto. Los términos no se agotan en otros términos, sino que se prolongan, se realizan en ellos, como la libertad soñada de Bakunin, tan diferente a las parcelas libres del liberalismo que limitan con las cercas de los vecinos y colonizan la ética con el mundo destructor de la propiedad privada.

El lenguaje del acratario es poético, no técnico como el de los lexicógrafos, y parece inspirado en la reflexión de Pèret contenida en el epílogo: “Al poeta le cabe pronunciar las palabras siempre sacrílegas y las blasfemias permanentes” (Epílogo: Poeta es decir revolucionario). Su arte es el del titiritero (“Manipulador profesional. Adulto irredento que juega todavía con muñequitos y que, para colmo, maneja con embrujo al niño que todos los mayores llevamos amordazado por dentro.” (Voz titiritero), pero a la inversa, o la viceversa, por la boca del Libélulo y Roca se equivocan y aciertan Bierce, Simone Weil, Armand, Emma Goldman, Marx, más Groucho que Carlos, Louise Michel, Volin, Herbert Read, Macedonio Fernández, Ernest Jünger, Saint Just, Prevert, Einstein (“La mayoría de quienes se jactan de tener muchos conocimientos, no recuerdan que los han adquirido leyendo a quienes privilegiaron la imaginación.” (Voz conocimiento), Wilde, Artaud, Bolaños, Genet, Rimbaud, Miguel Hernández, Ionesco, Benjamin, Orwell, Jaime Garzón (dice la voz corbata: “Hay quienes creen que al ponerse una corbata la vida empieza a ser real. Jaime Garzón, humorista colombiano asesinado por gentes que les sobraban balas, pero les faltaba humor.”), Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Zuleta, Malraux, Arsitófanes, Boris Vian, Chaplin y hasta con mucha maldad Castro, Bolívar y Santander…y tantos otros. No todos son anarquistas, pero la mayoría de ellos tienen momentos de lucidez ácratas.

Los lectores pedantes (según el acratario quienes tienen o tenemos “la digestión intelectual difícil”. ‑Voz pedante‑), los detractores del anarquismo, de Roca y de Iván Darío, los anarfabetas (“Anarquistas anti-intelectuales que se ufanan de no saber leer ni escribir.” ‑Voz anarfabeta‑) y los contaminados por los stalinococos (“Bacterias que se agrupan como en racimo y que atacaron con frecuencia a los stalinistas (…) y a veces invadieron organismos de gentes cultas, inclusive de notables poetas que escribían loas a Stalin o diatribas, de acuerdo a lo que dictara la voz de su partido. ‑Voz stalinococos‑) dirán que la obra es una colección de citas ingeniosas, condimentadas con las ocurrencias de bar de los autores, o una sucesión de escolios, “aforismos, esquirlas, reflexiones y poemas” (Prólogo) tan incoherentes como el anarquismo que trata de reivindicar. Seguirán para siempre atrapados en el círculo de Ionesco: “Tomad un círculo, acariciadlo, ¡se volverá vicioso!” (Voz círculo), pues este acratario no está escrito para ellos. No es aconsejable que se alejen del Diccionario de Autoridades y se arriesguen así a perder sus referencias paternales y la seriedad de sus íncubos racionales. Sólo la risa (“reímos y reiremos porque la seriedad siempre ha sido amiga de los impostores”. Hugo Fóscolo. Voz risa) y el amor permiten seguir el camino a través de este laberinto, construido por dos anarcuchos vergonzantes, es decir por dos anarquistas viejos que no se reconocen en su propia definición (Voz anarcuchos). No obstante, con respecto al amor, los autores advierten de la mano de Groucho Marx que muchos, probablemente sus detractores, “lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado” (Voz amor).

Los principales conceptos, valores, acontecimientos históricos, utopías y biografías del anarquismo están contenidos en el acratario; los que faltan seguramente serán incluidos por Norma en las ediciones próximas y los que sobran defendidos por Juan Manuel e Iván Darío en contra del dogmatismo de sus críticos, nosotros, los lectores. Las voces del texto mantienen todo el tiempo su hilaridad, pero también duelen, porque como nos lo recordó René Char, probablemente pensando en Ícaro, la “lucidez es la herida más cercana al sol” (Voz alas). Mediante la fábula de la pulga anarquista escrita por Trilussa, la cual se suicida inútilmente, pues hay suicidios útiles, con el propósito de detener el engranaje de un reloj que desgasta las ruedas y los piñones en beneficio de las agujas lujosas y parásitas, Iván Darío y Juan Manuel toman distancia del anarquismo adolescente, aquel que llama a la acción directa e irreflexiva en nombre de una libertad sin límites (Voz pulga anarquista). También del terrorismo revolucionario rechazado por Kropotkin y la mayoría de los anarquistas, de “la ilusión de que puede vencerse a la coalición de explotadores con unas libras de explosivos” (Voz terrorismo) y de la violencia autoreferenciada, como instrumentos políticos que en las manos de unos pocos han desvirtuado al movimiento ácrata. Al mismo tiempo advierten sobre el carácter corrosivo de los conversos, “aquellos que, al convertirse a lo que negaban, hacen tantos esfuerzos para que les crean su reciente postura que resultan más dogmáticos que sus nuevos copartidarios. Por lo general provienen de actitudes en esencia extremistas y devienen traidores. Más papistas que el Papa, más militares que los militares, más rentistas que los rentistas, más inquisidores y ortodoxos que sus antiguos persecutores. Se esfuerzan en borrar su pasado para que los nuevos aliados les crean y les den su bendición. Pueden pasar de orilla a orilla, de demócratas a nazis, de yonquis a cuáqueros, a las primeras de cambio. Son tantos los ejemplos en el mundo intelectual, que para señalarlos se haría necesario todo un diccionario.” (Voz conversos) Son los obdubilados de nuestro medio, casi digo intelectual, o quizás podría decirlo si con Dubuffet recordara que muchos intelectuales al “igual que la casta burguesa trata de convencerse y convencer a los otros de que su pretendida cultura (los oropeles que adorna con ese nombre) legitima su preservación.” (Voz intelectuales).

La defensa de la igualdad en la diferencia, de la libertad, la dignidad y la solidaridad va acompañada de la crítica al capitalismo, ese “espectáculo terrible pero sin nada de grandeza”, en palabras de García Lorca (Voz capitalismo), que contrasta con el funeral de Buenaventura Durruti en el relato de Kaminski: “No, no eran las exequias de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo. Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible. Era simplemente un funeral anarquista y allí residía su majestad. Tenía aspectos extravagantes, pero nunca perdía en grandeza extraña y lúgubre.” (Voz funeral). Dentro de esta crítica, la palabra anónima de los anarquistas emerge con toda su fuerza para caracterizar los accidentes de trabajo y también, por analogía, las violaciones de los derechos humanos en Colombia: “Los obreros lloramos a nuestros muertos, los patronos los entierran en las estadísticas” (Voz accidentes de trabajo). Desde la fuerza del “no”, entendido como “una de las más bellas palabras del idioma, no tanto por su sonido seco o lacónico como porque siempre ha sido pronunciada por espíritus valientes.” (Voz no), no queda titiritero autoritario con cabeza. Haciendo uso de una guillotina que encuentra su cuchilla más afilada cuando define con precisión al Ku Klux Clown: “Horda de payasos fascistas que odiaban el humor negro.” (Voz Ku Klux Cown) o cuando retoma a Abbie Hoffman: “las vacas sagradas sirven para hacer las más deliciosas hamburguesas” (Voz vacas sagradas), proclaman un antiautoritarismo radical y le rinden un homenaje a los autoricidas: “Aquellos capaces de matar toda autoridad, inclusive la suya propia. El niño que no obedece porque sí, ciegamente. El pensador que no se niega a disentir ni a repetir de manera servil otras ideas. El poeta insumiso. La mujer que es su propia musa, que es su propia inspiración. El guerrero que se niega a ir a la guerra porque sabe que su arma es la palabra. El objetor de conciencia. Los que se rebelan contra los pases hipnóticos de la fama. Los que escriben con tinta indeleble la palabra no. Los que no oyen el canto de sirenas del poder. En suma, quienes son capaces de vivir según su propia andadura por el mundo.” (Voz autoricidas). En el acratario no se le hacen concesiones a las “contradicciones en el seno del pueblo”, la voz de Bakunin resuena contra el autoritarismo socialista como una profecía: “Que el porvenir nos salve de las consecuencias desastrosas y embrutecedoras del socialismo autoritario, doctrinario o de Estado.” (Voz profecía). No nos salvó.

Bajo el convencimiento profundo y poético de que “hay que conocer la jaula para apreciar el viento” (Voz arte poética), el acratario propugna por un pensamiento y una acción críticas que no se funden en la ignorancia o en el simple inconformismo. Toma partido en forma permanente, porque sabe con Elsa Triolet que a pesar de las zonas grises, “las barricadas sólo tienen dos lados” (Voz barricada). Sin embargo, al lado de la canalla y de su papel se aleja de los falsos amigos y recoge la cosecha sembrada detrás de la cortina de hierro: “El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el socialismo es lo contrario. Consigna callejera en un país del Este europeo de cuyo muro no queremos acordarnos.” (Voz sistemas); asimismo se acerca a los falsos enemigos del anticlericalismo anarquista, al afirmar con Malraux que Cristo es el único anarquista que ha tenido éxito (Voz Cristo) y distanciarse del amor y la caridad católicas: “Es muy posible que no haya nada más inútil que el amor del Papa a la humanidad.” La escuela, la democracia representativa, la televisión, el automóvil, la familia, el matrimonio, pasan por el ojo agudo de este antidiccionario, que permite las intersecciones con el feminismo, el ambientalismo y el internacionalismo. Estos visántropos son enemigos de las visas y partidarios de la abolición de las fronteras (Voz visantropos). La confesión de Unamuno es la misma confesión de Juan Manuel e Iván Darío: “Mi fondo era y es, ante todo, anarquista. Lo que hay es que detesto el sentido sectario y dogmático en que se toma esta denominación…” (Voz confesión).

La biografías de la segunda parte del acratario explican la reflexión condensada de Cristian Ferrer: “Cada vida de anarquista era la prueba de que una porción de la libertad prometida existía en la tierra.” (Voz biografía libertaria). Al lado de las vidas extraordinarias de Bakunin, Kropotkin o Malatesta surge Louise Michel y la lucidez de su testimonio vital e intelectual sobre la Comuna de Paris de 1871. La fuerza moral de su declaración cuando la condenan a diez años de destierro sintetiza el espíritu anarquista (el acratario no deja lugar para las dudas, o tal vez sí, los anarquistas tienen espíritu): “No me quiero defender. Pertenezco por entero a la revolución social. Declaro aceptar la responsabilidad de mis actos (…) Ya que, según parece, todo corazón que lucha por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir, no cesaré de clamar venganza y de denunciar, en venganza de mis hermanos, a los asesinos de esta Comisión”. (Biografía de Louise Michel). Ojalá la muerte nos espere tranquila en una sala, como a Louise Michel, quien murió en Marsella, mientras conversaba su última conferencia cone un grupo de trabajadores. También resulta difícil no rendirle un homenaje a Simone Weil, la filósofa judía de profundas convicciones cristianas y libertarias, que trabajó como obrera en Renault, el lugar donde según sus palabras la marcaron como esclava. Sobre ella, Juan Manuel e Iván Darío transcriben este pequeño fragmento de Simone de Beauvoir: “Me intrigaba por su gran reputación de mujer inteligente y audaz. Por ese tiempo, una terrible hambruna había devastado China y me contaron que cuando ella escuchó la noticia lloró. Estas lágrimas motivaron mi respeto, mucho más que sus dones como filósofa. Envidiaba un corazón capaz de latir a través del universo entero”. (Biografía de Simone Weil). Ella es la representante, al lado de Tolstoi, de un anarquismo pacifista que no entendía la transformación como una simple ruptura radical, sino como un proceso de fortalecimiento del pueblo y los sujetos encargados de hacerla. Ante la extensión de los poderes globales contemporáneos sin ningún control, la nota de suicidio de Abbie Hoffman sólo puede estremecernos: “Es demasiado tarde. No podemos ganar. Se han hecho demasiado poderosos”. Las vidas del acratario no caben por su profundidad en esta presentación. Algunas, como la de Michel Onfray, no deberían tener un lugar él, están destinadas a un diccionario de anarcocapitalistas, al lado de neoliberales como David Friedman y Murray Rothbard. Como nos lo recuerda George Orwell, si olvidamos las diferencias que nos separan de quienes criticamos podemos terminar siendo iguales a ellos: “Los animales asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo; y nuevamente, del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.” (Rebelión en la Granja).

En este tipo de eventos librescos se acostumbra a decir que estamos frente a una obra de consulta obligatoria, especialmente si se trata de un diccionario; éste no es el caso, el Diccionario Anarquista de Emergencia, aún se llama así, invita a una lectura libre, placentera, memoriosa, iconoclasta y, a pesar del tiempo y el lugar presentes en el reino de Uburibe, solidaria con los vencidos y esperanzadora.

Leopoldo Múnera Ruiz

Bogotá, mayo de 2008.