Charla sobre soberanía alimentaria.


El colectivo de consumo solidario propone la asociación para mercar colectívamente. Buscamos reunirnos para, por medio del comprar a gran escala, reducir los precios de lo que se compra. Con la misma importancia le apostamos a volver a alimentos sanos buscando pequeños productores que cultiven productos orgánicos y saludables. Buscamos construir una economía alternativa a la impuesta por los pocos ricos de este país, queremos apostarle a reconstruir relaciones directas entre consumidores y pequeños productores. Esta es una búsqueda por la eliminación de la especulación con la comida, y por lo tanto una búsqueda por reducir la larga fila de intermediarios que tiene ahora el proceso de comercialización de alimentos.


Así mismo el colectivo de consumo se plantea como una abierta ruptura ética contra los imperativos que se nos impone en el actual Orden de cosas. Queremos aprovechar la experiencia del consumo y apoyar a pequeños productores para volver a conocer a quien nos da la posibilidad del alimento, queremos aprovechar la solidaridad como una práctica en la que el dar no requiera de devolver, queremos aprovechar nuestra acción directa para evitar que todas nuestras acciones públicas tengan que pasar por el autoritarismo del estado. Buscamos acabar con las relaciones inequitativas de la sociedad que en permiten alimentarnos bien.


Mercando juntos alimentamos nuestra dignidad.

Reflexiones sobre el intercambio humanitario

Colombia vive en medio de un conflicto económico, social, político y armado resultado de las fuertes contradicciones propias de una sociedad en la que existe un modelo que se fundamenta en la explotación, el autoritarismo, la exclusión y la miseria. En este ambiente desde hace más de 40 años se inició por parte de algunas experiencias populares y sectores, en su mayoría marxistas, una estrategia de lucha contra esa realidad basada en la propuesta guerrillera. Desde allí se agudizo la pelea tras la avanzada de parte del pueblo en armas actuando como vanguardia revolucionaria del proceso social. Tras muchos ires y venires de esta propuesta, en la década de los noventas la estrategia guerrillera avanzo en su intento de tomar el poder con un asenso de las acciones contra la fuerza pública que resultó en una suerte de toma de prisioneros de guerra que primero se dirigió a objetivos militares, pero en la medida que se complejizaba también integro a objetivos políticos representantes de la institucionalidad a la que se combatía, buscando como fin el intercambio humanitario de esos prisioneros por combatientes de la guerrilla también prisioneros en las cárceles estatales.
Desde el gobierno del presidente Samper se integró a la legislación nacional la normatividad de el Derecho Internacional Humanitario, en especial los tratados de Ginebra, que abrieron una puerta a la posibilidad de tal intercambio, pero solo fue en el periodo del presidente Pastrana que se dieron intercambios de prisioneros en el marco de un proceso de paz con la guerrilla de las FARC. Una vez terminado este intento de proceso, y con el cambio a un nuevo periodo presidencial liderado por Uribe, la posibilidad de materializar este intercambio se volvió un imposible, ya que la nueva estrategia de guerra política por parte del estado basaba su acción en el no reconocimiento político de las guerrillas y en su eliminación por la vía militar.
De esos 6 años de este nuevo momento de la guerra en Colombia la atención de la opinión pública, fuertemente influenciada por los medios de comunicación hegemónicos, se ha concentrado en el rechazo de la lucha armada y en la exigencia de la liberación de los soldados y políticos retenidos, acompañado del creciente desconocimiento del estatus de prisioneros políticos de los luchadores detenidos en las cárceles.
Esta larga travesía del problema de los prisioneros políticos no solo se ha visto el desgaste de los detenidos en cada bando, sino además la necesidad de plantear salidas viables a la libertad de ellos porque a pesar del innegable debilitamiento de las fuerzas insurgentes lo que se ha visto es que en términos generales ninguno de los dos bandos logrará liberar a sus detenidos por la vía militar (es improbable una segunda operación Jaque). En este estancamiento del conflicto, se hace necesario aceptar la necesidad de una salida negociada por lo menos a dicha circunstancia de la guerra.
Pero ni esta salida debe ser incondicional, ni tampoco debe creerse que la guerra social esté limitada a esta situación. Si bien debe urgirse por garantizar esta libertad, en especial de los luchadores sociales, debe proyectarse como mantener la guerra social, pero revaluando la táctica de la toma de prisioneros ya que esta no solo ha resultado desgastante para los ejércitos guerrilleros, sino además ha sido una excusa para desprestigiar las propuestas en general de transformación social. No se está con esto reevaluando la legítima búsqueda de prisioneros de guerra para debilitar moral y políticamente al enemigo, lo que se cuestiona es la utilidad de esta táctica en el momento histórico concreto en que vivimos.
Sería mucho más útil y efectivo avanzar en la revolución popular dándole nuevamente la importancia que esta tiene para destruir el poder concentrado del estado y el capital retomando la acción militar no como una acción en sí misma, sino como resultado de las necesidades y proyecciones propias del pueblo en esta lucha. En aquel momento podría redescubrirse la toma de prisioneros pero como una estrategia que, acompañada de la búsqueda de la deserción de soldados invitándolos a las filas populares, promueva el desmoronamiento de la institucionalidad como paso previo a la destrucción de la misma. El ejercicio militar no puede ni debe hacerse como una actividad en si misma (como pareciese a veces la acción guerrillera alejada de la movilización social) sino como parte de el ejercicio de la autodefensa de todos y todas frente a nuestros enemigos. Para ello no se necesitan las vanguardias sino la acción eficaz y directa de todas las personas.
Así que mientras tanto es necesario promover el intercambio humanitario al mismo momento de avanzar en la batalla nuestra en esta guerra social en búsqueda de un momento en que no sean necesarios los presos en ninguna reclusión, y eso solo será posible en una sociedad anarquista.

women killed by lorries, roadpeace

From a friend who lost a dear one on the road.

[link to Road Peace]

We continue to find Roadpeace, in Brixton, to be very useful and supportive since the collision of 2 cars with Marie-Pierre Vesco, on the 4th June ’08, Hickstead Junction.

I strongly recommend that, as soon as ready, family and/ or friends of people killed on British roads contact them.

http://roadpeace.org/

I want to post about my friend, tragically killed under the wheels of a lorry yesterday on London’s streets.

Two years ago I left London for the calmer streets of Stockholm. Back then I would see several posts a year mentioning cyclists killed or badly injured by HGVs. I am assuming this trend has not let up.

It has been pointed out to me that a disproportionate number of cyclists are injured/killed by HGVs as opposed to the similarly large buses in London.

Is it visibility, training, awareness, what?

I do not know the exact circumstances yet of my friend’s accident. Though, I look back on the number of times a lorry has come thundering past me dangerously close and wonder that there are not more accidents.

The answer:

A little bit of everything. The bus industry is, while privatised, state-led, since it’s TfL that puts out the contracts; it’s also highly regulated by the safety authorities. As a result, there are strict rules about the construction of buses, training of drivers, hours that drivers can work, etc, and these are all fairly strictly enforced. Many of us will have had interactions with buses where we came off with a different opinion, but the fact is that despite driving god knows how many million miles a day, buses aren’t killing cyclists. Lorries, on the other hand,
are privately hired and privately run, and subject to fierce cost-cutting competition, more lightly regulated, and the regulations are very badly enforced. Drivers aren’t trained properly, they work too many hours and lose their concentration, their vehicles aren’t maintained properly, etc.

The City police did a project a while ago where they stopped every lorry passing through some point over the course of a day and inspected it, checking the mechanical condition of the lorry, the way the load was
secured, and the driver’s paperwork. I think they stopped about twenty.

*Every* *single* *one* was found to be illegal in some way – and all of those ways are things which put other road users at risk.

Many HGVs don’t even have to be built safely in the first place. The construction and use regulations specify that road vehicles have to be built with bodywork that comes right down to road level, so that if they sideswipe a cyclist or pedestrian, they’ll be pushed aside rather than dragged under the wheels (still not exactly safe, but safer, at least).

But many HGVs – anything involved in construction, like cement mixers,
flatbed trucks, etc – are exempt from this, on the grounds that it reduces their ground clearance, which they need to drive onto building sites.

Except that this is rubbish, because there’s another set of health and safety rules that say that driveways on building sites have to be made nice and flat!

In short, the problem is a combination of inadequate regulations about the construction of some HGVs, and criminally (literally) poor compliance with the safety regulations that do exist. The police have to start enforcing
the rules properly. Also, we might need changes in the law so that some of the responsibility for dangerous HGVs falls on the directories of the companies which operate or contract them: at the moment, they just hire the cheapest, with no regard to whether they’re legal or not.

And then there’s a whole other question of why it is that women seem to be particularly vulnerable to HGVs. It’s been shown that they are, but nobody seems to know why, or what we can do about it.

Which I thought it would be a loss to let it stay in the depths of some forum.

Terror estatal, estrategia esencial de dominación política.

En Colombia ya es plato de cada día la actuación extrajudicial del estado con el fin de neutralizar aquellos proyectos, personas e ideas, que por vías legales no logra detener. Esta acción sistemática, que dio origen en su momento al paramilitarismo como estrategia contra insurgente y de aniquilamiento de líderes populares, ha sido catalogada por muchos como Terrorismo de Estado. Pero resulta impactante cuando al pensarlo con más calma se evidencia la utilización del terror como forma de control y coerción esencial por parte del estado frente a la sociedad.

De hecho, para que un estado logre ser reconocido como tal, es decir como el aparato político y administrativo que regula y ejerce la autoridad sobre las personas que se recogen en el territorio de su control, este necesita obtener el monopolio de la fuerza –militar y policial-, la capacidad de dirimir diferencias entre las personas (es decir un aparato judicial), y la facultad para establecer las normas de funcionamiento social (un cuerpo legislativo, que para el caso colombiano es el Senado). Aunque todas tres ellas son importantes para el estado, su existencia depende de garantizar la victoria de su propuesta de organización social (nunca única ni mejor), y esto sólo es posible mediante la utilización de la fuerza física para aplastar adversarios y disuadiendo a futuros opositores con su absoluta fuerza vencedora.

Uno de los mejores ejemplos de ello lo hemos tenido en Latinoamérica con el nacimiento de nuestros estados modernos. Aunque el proceso de independencia pudo haberse iniciado en círculos de intelectuales, comerciantes y hasta algunos clérigos, la liberación del control español solo pudo hacerse después de formar un ejército en estas tierras que lograra expulsar a los ejércitos realistas y garantizara la no intervención nuevamente del poder Ibérico en el continente americano. Una vez ganada la guerra quienes definieron la forma en que se organizaría el estado no fueron ni los soldados de estos ejércitos ni la población a la que supuestamente habían liberado; quienes decidieron la elección del estado a asumir fueron los grandes generales como Bolívar y Santander, quienes no hicieron más sino construir un aparato político que permitiera garantizar el buen estado de sus intereses de clase, en ese momento defensores de los grandes hacendados y comerciantes.

Desde allí, en estos ya largos 200 años de existencia como Republica, el estado ha mantenido, con muchos tropiezos, el monopolio de la fuerza que le ha permitido legislar, juzgar y administrar sobre el territorio de su jurisdicción. Aunque en varias ocasiones ha tenido que ejercer esta fuerza para defender la integridad de sus instituciones, la mayoría del tiempo este ha funcionado para disuadir con la amenaza de su uso a aquellos que en cualquier momento se decidieran a desobedecer o desconocer su poder. Esta utilización de la fuerza de forma disuasiva frente al resto de la población logra constituir al miedo como esencia del control del estado sobre las personas. Esta utilización pasiva de terror es la base del funcionamiento del estado.

Una vez derrotada al resto de la población, bien sea por la fuerza o por el terror, aquellos que controlan el estado tienen las puertas abiertas para establecer todo tipo de normatividad de acuerdo a sus conveniencias, leyes que tras su aprobación deben ser acatadas por los habitantes así no estén de acuerdo o les perjudiquen. Gracias a esta capacidad de legislar, es que logran naturalizar las dinámicas que económicamente favorecen mas a su clase, garantizando su cumplimiento tras volverlas Leyes Generales de la Nación. Allí es cuando aparece en las constituciones la inviolabilidad de la propiedad privada, el derecho al trabajo asalariado y la posibilidad de la “Libre empresa”, todas ellas articuladas a lo que conocemos como un sistema capitalista de producción. En estas leyes no se cuestionan la esencia de la propiedad que restringe la riqueza de la mayoría, ni la inhumanidad del trabajo asalariado como forma de explotación de la mano de obra, y mucho menos la posibilidad de que la libre empresa degenere en monopolios que restrinjan las posibilidades de compra de los consumidores. No, nada de eso. Las leyes son así, por que así “deben ser” , y quien pretenda desconocerlas o siquiera cuestionarlas ya sabe que corre con el riesgo de ser enjuiciado por rebelión, terrorismo y quien sabe que mas epítetos ridículos contra los librepensadores. La población sabe que la amenaza de la fuerza no solo es una promesa, sabe que las consecuencias de los actos de rebeldía son pagadas con condenas entre rejas de hierro que encierran a las mentes críticas en la cárcel. El que nada debe nada teme, reza el adagio popular, pero la verdad es que todos debemos, y por eso, todos tememos.

Pero bueno, basta de lugares comunes, basta de recordar la capacidad del estado de doblegar la dignidad libre con la utilización de sus fuerzas militares y policiales, por que el terrorismo no solo esta allí. También son acciones de terror las que legisla el estado al determinar el régimen de libre especulación financiera que también hace parte del engranaje actual de nuestro sistema económico. No es por que el estado sea el beneficiario de las ganancias que es acusado, es por que es él el que determina la validez legal de que unos pocos se hagan ricos a costa de los ahorros de los muchos. Y es también con terror que el estado garantiza que solo ellos tengan el monopolio de este tipo de negocios. Cabria acá recordar lo acontecido hace pocos meses con el intento de estructurar sistemas de ahorro diferentes por parte de lo que en su momento se llamaron captadoras ilegales de dinero. Faltaría mas defender a estas empresas muchas de las cuales funcionaban como lavadoras de dinero del narcotráfico, cuando el punto realmente es que el ataque sistemático a esta tipo de empresas solo se dio tras la queja de uno de los grandes banqueros del país quien sugirió la utilización del estado de conmoción interior para acabar con esta irregularidad económica. Tras esto el mensaje por lo medios de comunicación fue claro: Solo pueden ser ejercidas por los bancos las labores de ahorro y crédito, toda propuesta diferente será combatida y eliminada. Terror para mantener el sistema financiero.

Para seguir con el sistema financiero pero mirando sus repercusiones en otras de las áreas de la vida, tendría que recordarse el sistema de consecución de vivienda por medio de los créditos hipotecaros. La generación de los setentas y ochentas fue atraída a la compra de vivienda por medio de el sistema diseñado por el gobierno denominado UPAC que lograba dar crédito para vivienda con la garantía para los bancos de que no perderían su dinero prestado ya que las tasas de interés se actualizarían anualmente con la inflación. Este crecimiento de los montos a pagar, como las crisis domesticas de los ahorradores resultaron en una imposibilidad para muchos de pagar su hipoteca resultando expulsados de sus casas sin la devolución de sus montos ahorrados. ¿Quién decreto el sistema de pagos que favorecía a los bancos? ¿Quién facilito la fuerza publica para el desalojo de las casas? ¿Quién, después cuando entraron en crisis los bancos, invirtió presupuesto público para salvarlos, dinero que no utilizo en su momento para proveer de soluciones de vivienda a los sin techo?.

Si van a comprar una casa es mejor que tengan claro que pueden pagar el crédito, por que si no ya saben que si se quedan colgados vendrán a desalojarlos con la fuerza pública. Ese es el mensaje, y por lo tanto es la advertencia: sin pagos no hay vivienda, y si es necesario el estado intervendrá para hacer valer la riqueza de los bancarios. Ese mensaje es el que disuade al ahorrador de cumplir, aun así tenga que pasar necesidades por ellos. Esa disuasión, es también la utilización del terror por parte del estado.

Sigamos con la vivienda ahora. Ir por las calles es mirar cantidades de lugares que se ofrecen en arriendo, y que están dispuestos a ofrecerse a los sin techo necesitados. Pero detrás de ello se enmascara otra realidad, la de la especulación de la finca raíz por parte de terratenientes urbanos. En este mundo en el que muchos llegaron tarde a la repartición de cuartos, apartamentos y casas, otros aprovecharon la normatividad estatal que defiende la propiedad y la acumulación así esta sea innecesaria para el dueño (¿quien necesita poseer mas de dos casas si solo va a dormir en una?). Mientras unos se hacen ricos a costa de rascarse la barriga, sentados en su sofá en frente del televisor esperando a que llegue su chequecito mensual del arriendo, otros miles debemos pasar angustias por recoger lo necesario para pagar por el alquiler de su lugar de vivienda. Y si acaso alguno de nosotros decidiera hacer la ocupación de uno de estos lugares “privados” que se dan en arriendo sabemos que hay que esperar la atenta represión de el estado, quien mandaría a su fuerza pública a expulsaros por hacer una intromisión indebida en un lugar que no es nuestro. ¿y si no es nuestro entonces de quien, de quien no lo necesita?. Por que sabemos esto es que muchos no lo hacemos, por que sabemos que pasaría un desalojo, muchos de los que necesitamos un lugar donde vivir seguimos “respetando a al autoridad” y buscando trabajo donde nos exploten para poder darle de comer a aquel viejo del sofá. Esa persuasión, solo es posible por el terror que le tenemos al estado.

Y así puede seguir enumerándose, casi infinitamente, la cantidad de cosas que no hacemos por miedo al estado. No tomamos alimentos de supermercados sin tener con que pagarlos (que si igual nadie los compra se perderán sin vender), pagamos cumplidamente los servicios públicos, ahora privados, aun que estos hallan nacido como una forma colectiva de proveerlos y con una inversión de todos, sabemos que si no pagamos a tiempo el servicio no lo cortan, y si tratamos de evitarlo… Subir sin pagar a un transporte público operado por privados que se enriquecen a costa de la incomodidad de los usuarios, y así pueden seguirse muchas descripciones donde están impregnados nuestros temores fundados por todo el miedo que ha sembrado en nosotros el estado, que mantiene nuestras acciones restringidas tanto por la acción de sus fuerzas militares como por el terror que genera sus amenazas de afectar a todos aquellos que incumplan sus mandados.

El terrorismo de estado no es una anomalía incalculada o esporádica de la acción de la fuerza publica sobre movimientos sociales o lideres de la oposición. De hecho tampoco es una política sistemática de exterminio contra los que no comulgan con el régimen. El terrorismo de estado es la esencia misma del funcionamiento y justificación de la acción estatal prácticamente en todas las áreas de intervención de este en la vida social. Su lógica se basa en infundir el miedo a todos a los que domina, garantizando con esto la inacción de cada uno si está fuera de las normas que el estado quiere. El terror infundado a la población es el que mantiene en mayor medida su capacidad de dominar, y de generar leyes que así estén en contra de la población no reciben oposición por que la gente prefiere no correr riesgos. Allí es donde el terror es efectivo, en hacer que la gente no se manifieste ni que asuma actitudes que pueden mostrarse como contrarias al estado. Esa es una de las razones por las cuales el régimen se mantiene en el poder.

Frente a este diagnostico, esa cruda realidad donde el estado se mantiene intacto gracias al terrorismo que aplica a la población, la única salida a esta encerrona planteada por el poder es precisamente voltearles la arepa con su táctica y coger el sartén por el mango. Si su política se basa en el miedo, debemos anteponer a ella el riesgo a tomar decisiones y acciones a pesar del peligro. No es hacer jugadas ciegas en las que salgamos vulnerados, es en cambio, actuar y pensar diferente siendo inteligentes y cuidadosos, de tal forma que podamos combatir al estado al punto de llegar a destruirlo. Nuestra pelea contra el debe ser a muerte, superando el miedo a combatirlo con la esperanza de estar construyendo un mundo diferente en el que valores como la horizontalidad, la autogestión y la solidaridad prevalezcan a aquellos del egoísmo, el autoritarismo y la explotación.

Contra el terrorismo de estado, emancipación antiautoritaria.