América latina, el poder popular y el anarquismo.

Un nuevo momento vive el movimiento anarquista en América latina y para ser más específicos varios países del sur del continente. Nuevamente se vuelve a fortalecer el anarquismo como una ideología que fundamenta la práctica de muchos militantes por la libertad, al mismo tiempo que asume unas formas cómodas para el continente, discutiendo y confrontando en escenarios de resistencia frente a la desigualdad: los campos, las calles, las fabricas, los barrios, las universidades. En esta lucha ha venido apareciendo ya en los últimos años palabras y nociones que se han integrado en el discurso del anarquismo que lo han hecho mas tropical, cercano y latino, siendo especial un par que han sido características de buena parte de las luchas de resistencia a lo largo del continente y que desde los setentas circula recurrente por la izquierda: el poder popular.

Polémicas desde el principio, han sido extrañas y sospechosas para algunos, y, reveladoras e inspiradoras para otros. Lo cierto es que esta discusión viene alentándose en sectores de piqueteros y de trabajadores argentinos, de recogedores de basura y habitantes brasileros, de estudiantes y pobladores chilenos, de habitantes de barrios uruguayos y de estudiantes colombianos que en su camino por la defensa de la libertad encontraron en esta formula una estrategia más propia que las clásicas defendidas por los anarquistas que les han precedido. Si bien es cierto que no son los primeros ni los últimos en hacer de las ideas libertarias útiles y propias en sus tierras, ellos si han logrado posicionar a lo largo de suramérica esas dos palabras. El debate que ha suscitado al interior del movimiento latinoamericano es tal que en Argentina se está hablando de libertarios de Colombia, en Brasil de los de Uruguay, en Chile de los Venezolanos y para los que habitamos en estas tierras es cada vez mas corriente escuchar de compañeros libertarios que hacen lo suyo en Perú, Bolivia y Ecuador. No sólo es evidente que algo está pasando con el anarquismo allí, sino que la reflexión en torno al poder popular merece toda nuestra atención y reflexión.

En este escrito, por lo pronto, no se intentará hacer un análisis de lo que se ha discutido y practicado, sino se tratará de seguir aportando por lo menos teóricamente a está reflexión haciendo hincapié en algunos puntos que se valoran como importantes a propósito de la discusión. Es de especial motivación aportar algunas ideas para evitar que la inclusión de parte del discurso clásico de la izquierda en el anarquismo de pie al ingreso de prácticas indeseables para los libertarios, en la misma medida que evitar que personas aprovechadas se cubran de caretas libertarias buscando adeptos y acumulen para sus particulares proyectos políticos, más cercanos a las practicas clásicas del socialismo autoritario que a las anarquistas que estamos dispuestos a defender.

Lo primero que hay por decir es que la discusión del poder popular no puede convertirse en una de carácter semántico donde se trate de develar la noción fiel y única de cada una de las palabras, poder y popular, así como hay que recordar que las palabras solo tienen sentido según quien las dice y como refleja con su práctica lo que piensa. No es si los anarquistas creen o no en el poder como si quisiéramos volver la búsqueda de la libertad una pelea contra el fetiche que significa esa palabra; lo que realmente interesa es las relaciones en que se fundamentan las practicas de lucha y cotidianidad de todos y todas: es determinando si existe dominación o subordinación en estas relaciones donde se identifica si existe o no autoritarismo. En últimas que se llame poder popular, acción directa popular o autogestión popular solo es relevante para que quienes lo practican se sientan identificados con una forma de ser y de hacer autogestionada, horizontal, solidaria y combativa. Lo de menos es si la palabra poder, tan criticada por casi todo el anarquismo clásico y aun incomoda para muchos de nosotros en el siglo XXI, esta o no escrita al lado de la palabra libertad, lo realmente importante es que las personas que lo escriben mantengan en sus prácticas la coherencia de luchar contra la autoridad y no reproducirla. Al final, es más útil perseguir las practicas que generen dominaciones que a la palabra poder en si misma.

Ahora, hay algo que en el discurso si debe ser claro cuando utilizamos palabras polisemicas (es decir con múltiples significados) y es que por más que se identifique de una forma la palabra poder si se quiere reivindicar esta como una práctica para defender la libertad desde una postura anarquista implica ser antiautoritarios: contra la dictadura de la propiedad y el monopolio de la riqueza social; contra la opresión patriarcal y la homofobia; contra el racismo y la xenofobia; contra el maltrato animal y la destrucción de la naturaleza; contra la dictadura de la democracia instaurada a través del estado, entre muchas otras mas.

Es particularmente esta última la que nos diferencia del resto de los socialistas y la que nos hace ideológicamente particulares, por que mediante la democracia pueden solucionarse muchos de los problemas de la iniquidad social vía derechos, en cambio nunca una democracia votaría en contra de si misma acabando con el estado, su capacidad burocrática y su violenta dominación. Es fácil encontrar algunas personas que se llaman libertarias que defienden el anti-autoritarismo pero sin declararse anti-estatales, lo cual no solo es una contradicción sino al mismo tiempo una deshonestidad. Muchas de ellas han venido aceptando el poder popular como una posibilidad de lucha desde una forma mas cercana a la búsqueda de un estado de bienestar de corte socialista, que, de un poder popular anarquista que construya formas autónomas y directas de gestión social. Pero defender esta última vía no puede mantenernos en nuestros históricos guetos, debe por el contrario ser una provocación a hacernos libres en la medida que nuestra sociedad también es más libre. En ultimas el pueblo no es externo a nosotros porque somos parte del pueblo. No es un llamado a trabajar con los otros como si fuéramos a iluminarlos o a contagiarlas, es una incitación a reconocernos iguales con quienes compartimos problemas, a hacernos sujetos sociales al emprender luchas y proyectos sociales para solucionar nuestras vidas.

En este sentido es que no necesariamente la lucha con el resto del pueblo tiene que estar marcada por la lucha con solo militantes anarquistas, y los anarquistas debemos liderar la posibilidad de trabajar pluralmente entre personas pertenecientes a diferentes ideologías, eso si sin perder nuestros principios. Por supuesto que en las luchas sociales no solo nos tenemos que encontrar a gente con ideología diferente, sino es primordial y fundamental que suceda así ya que esta diversidad precisamente fundamenta la libertad de cada cual a pensar en lo que quiera. Pero una cosa es aceptar estas alianzas tácticas y hasta en su momento estratégicas y otra cosa es negar lo que nos hace diferentes a los demás, y es nuestra identidad anti-estatal. Por eso es que aunque en la practica podamos desarrollar procesos en los que luchemos conjuntamente con personas de diferente pensar, también en la práctica tenemos que distanciarnos en los momentos en que los procesos sociales tienden a buscar al estado, a defenderlo o siquiera a exigirle cosas. Quienes quieran participar a partir de allí en esas luchas por coherencia con esta ideología no deberían llamarse anarquistas.

En ese orden de ideas es que está abierta y urgentemente necesaria la posibilidad del trabajo popular en donde nos encontremos con el resto de personas con las que si bien no tenemos afinidades completamente en el plano ideológico si tenemos afinidades en el económico, en el cultural, o en cualquier otro. Son esas afinidades compartidas las que definen los puntos de encuentro, y es nuestra práctica en ellas las que nos hace identificar como defensores de una ideología. Por ello es que la única forma de mantener nuestra ideología funcionando es a través de la coherencia y esta debe mantenerse con la lucha contra el estado y con la construcción de formas diferentes a la estatal de resolver las necesidades. No hay por que temer el ser anarquista, ya que esta es la elección que hemos hecho quienes tenemos la esperanza puesta en la organización que no genere dominación.

En este sentido el poder popular si quiere ser anarquista debe desentenderse de la lógica de los derechos, por que estos solo ratifican la necesidad de apelar a la normatividad y la legalidad estatal para solucionar las cuestiones sociales. Por supuesto que muchas de las luchas que han llevado hasta este momento lxs trabajadorxs, lxs pobladorxs urbanos, lxs indigenas han sido canalizadas al convertirse en victorias en leyes estatales, por que al no haber pensado acabar con el estado escogieron esta que creían única forma de garantizar su cumplimiento. Pero un anarquista no puede defender la necesidad del estado regulador, y mucho menos de que mantenga el monopolio de la justicia decretando dictámenes sociales, por que si bien es cierto que el estado ha cedido a varias de las razones de las luchas sociales también es cierto que en su día a día a quienes mas beneficia es a los grandes propietarios y a las clases más ricas. Pero al final, nosotras no estamos de acuerdo con el estado no solo por que no represente los intereses de las clases populares, sino por que es una forma completamente autoritaria de llevar a cabo las obras sociales. Nuestra postura anti-estatal se fundamenta en la defensa de otras formas posibles para desarrollar las obras sociales: la autogestión, el apoyo mutuo, la acción sin intermediarios.

No quiere decir esta afirmación que dentro de las tácticas de lucha social los hombres y mujeres conscientes de sus problemas dejen de buscar soluciones inmediatas para su bienestar, es decir no solo es inútil sino poco realista el salir a la calle demonizando la búsqueda de mejores salarios, o de convenios laborales, o de abastecimiento de servicios públicos… lo que se quiere decir es, como por ejemplo históricamente ha sido la practica del anarcosindicalismo, que a pesar de que se asuman las luchas sociales inmediatas no solo en el discurso y en la practica se deja claro que en ultimas lo que se quiere es acabar con las relaciones de propiedad y con todas aquellas relaciones que generen dominaciones y exclusiones. Evitar la mediación estatal en las negociaciones y avanzar en la construcción de un poder real (economico-social-cultural) que pueda convertirse en la alternativa libertaria a la sociedad actual debe ser no solo la consigna sino la práctica impulsada por nosotras.

Es por ello que los y las anarquistas debemoa reflexionar e impulsar formas alternativas de gestión de la salud, de la crianza y acompañamiento de los niños (o educación), del funcionamiento de los servicios públicos y en general de todas y cada una de las tareas que en este momento monopoliza el estado y los sectores privados, volviendo de la solución a estas necesidades practicas autogestionadas, directas y solidarias que superen el individualismo, la dominación violenta y la exclusión que han decretado sucesivamente los congresos y presidentes de derechas y de izquierdas que han reproducido la dominación social por medio del estado. En ultimas superar el estado como forma de organización social solo es posible mediante la construcción cotidiana de soluciones a nuestros problemas y la destrucción constante, física e ideológicamente, de todo aquello que nos oprime.

Pero tan importante como la postura anti-estatal es la postura anti-autoritaria al interior de los procesos sociales, ya que la única forma de lograr la transformación social es evitando en los espacios alternativos las prácticas que tanto criticamos. Crear poder popular tiene que ser sinónimo de crear espacios que logren gestionarse de forma autónoma, que asuman sus discusiones de forma asamblearia y que manejen estructuras profundamente horizontales, en las que los espacios de coordinación entre experiencias nunca se transformen en espacios de dirección que generen orientaciones al estilo partido. El poder popular en lo local debe ser una experiencia en la que los y las participantes tengan un aporte activo y decisivo, y cuando el poder popular supere los escenarios locales convirtiéndose en una propuesta de mas amplio espectro la organización debe mantener el espíritu de horizontalidad apelando a la federación libre, promoviendo la comunicación y la coordinación con otras localidades sin que esto genere por ningún motivo direcciones inamovibles.

Evitar practicas autoritarias dentro del poder popular es la forma en que los anarquistas podemos diferenciarnos de los que siempre buscan aprovechar los momentos de efervescencia para hacer votaciones y quedar en los espacios directivos; es radicalizar nuestra liberación colectiva sin diferencia de sexos o de preferencias sexuales, evitando ambientes sexistas que reproduzcan las lógicas patriarcales, por que al final no es un poder popular de hombres el que buscamos, sino de la humanidad toda. Es en general aprovechar la participación de todxs en la toma y ejecución de las decisiones, y al encontrar diferencias también es permitir que cada cual asuma hasta donde su conciencia y su razón le de. Avanzar en la superación de los caciquismos de izquierda y la búsqueda de vanguardias dentro de los movimientos es garantizar la acción colectiva no dominante ya que como dice un compañero puede pasar que dentro de quienes hacen parte del poder popular haya alguien quien quiera tener “más poder popular que el resto”. Nuestra agenda no es utópica, ni tampoco un proyecto futuro, es una tarea que podemos y estamos llevando a cabo, por que las promesas de los mundos futuros ya nos han cansado. Si el anarquismo en el siglo XXI quiere ser, el poder popular no puede ser una promesa sino una realidad. Avanzar no es ir en camino a la revolución, avanzar es ir construyendo nuevas prácticas y formas de hacer diferentes a las tradicionales, y allí iremos encontrando mas dudas para resolver de las que nos ocuparemos en su momento. Eso es la revolución, no una cosa por venir sino un aquí y ahora con certezas críticas que se ven en nuestras prácticas y un futuro con incertidumbres a resolver.

Es hora de alentar y promover las ideas y prácticas libertarias y para ello es necesario superar mucho del lenguaje poco coloquial que para América Latina tiene la literatura clásica anarquista. Es el momento de traducir ese sentimiento anti-estatal que ha logrado en otras tierras motivar levantamientos contra la autoridad y experimentos de nuevas sociedades. Si bien el anarquismo no es extraño para estas tierras por que fue una ideología importante en el pasado de muchos de los territorios, hoy día aun estamos pendientes de permitir que quienes no le conocen puedan hacerlo, y que puedan entender nuestras palabras cargadas de amor a la libertad, y antes que dogmas quedados en el tiempo se conviertan en los gérmenes de nuevas prácticas que nos conduzcan a una sociedad acéfala (sin cabezas dominadoras), libre de autoritarismos y de aparatos dominadores como el estado.

Hay que reconocer la valentía de la FAU en Uruguay, de la Mateo Kramer en Colombia1, de la FAG en Brasil, de la Corriente de Acción Libertaria en Chile, y de tantas y tantas organizaciones e individualidades que han traído a la discusión el poder popular. Pero al mismo tiempo tenemos que reconocer que somos un movimiento plural y que los aportes críticos que se han hecho desde el periódico Libertad de argentina, desde las ocupaciones como la Sacco y Vanzeti en Santiago de Chile o desde colectivos e individualidades diversas en Colombia -así como mas organizaciones e individualidades en América Latina- permiten recordar que no solo es importante el discurso políticamente correcto que busque desarrollar trabajo con mas personas, sino también la practica y la autonomía libertaria.

No con esto se pretende saldar las diferencias que hay en nuestro movimiento libertario latinoamericano. pero si alentar a seguir atentos a las discusiones y practicas que se están desarrollando a lo largo del sur del continente americano. Por lo pronto, personalmente creo que si asumimos las consignas del poder popular tendremos que hacerles evidentes nuestro ideal anarquista, así que:

Crear, Forjar, Poder Popular Antiestatal!

Con palenques e insumisos creando, forjando poder popular horizontal!

Iconoclastas de todo el mundo… A por lo nuestro.

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