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Siria, el imperialismo y la izquierda

 

Un debate está tomando lugar en círculos radicales y de izquierda acerca de la revuelta siria, ¿qué lado tomar?, ¿qué pensar sobre la intervención occidental contra el régimen de Assad?

Algunos ven esta intervención como el mayor peligro y por lo tanto tienden a alinearse con el régimen como una especie de mal menor. Otros ven la opresión del régimen a la revuelta como razón, ya no sólo para apoyar esa revuelta, sino para respaldar (o al menos, no oponerse) la ayuda occidental a la lucha armada, ya sea en forma de armas para los insurgentes, o una zona de restricción aérea, o quizás soporte aéreo para el Ejército Sirio Libre, como hizo la OTAN en Libia. Sin embargo otros dicen: sí a la revolución siria, no a la intervención occidental. La última posición se acerca a lo que pienso, y no es tan mala como las dos primeras. Apoyar el régimen es criminal; apoyar la intervención es criminal; apoyar la revuelta como si fuese una “cosa” que puede ser apoyada como un conjunto mientras se rechaza a la intervención, sin embargo, es seriamente problemático.

En primer lugar está la posición de apoyar-tolerar-a-Assad/ abajo-con-la-revuelta. Dejemos a estos fanáticos de la dictadura a su suerte. Mucho más interesante son las fuerzas que dicen: sí, Assad puede ser un horrible dictador, pero lidera un estado que tiene aspectos progresistas. Primero porque Siria se opone a la ocupación israelí y al imperialismo dirigido por los EE.UU. Siria apoyó a Hezbollah contra la ocupación israelí en el Líbano. Siria ha apoyado a Hamas y la resistencia palestina en general. La caída del régimen sirio amenaza con poner fin a todo esto, y podría actuar en beneficio del estado israelí y los patrocinadores estadounidenses. Siria es uno de los aliados que quedan de Irán. El régimen iraní está bajo la presión de los poderes occidentales –EE.UU, Israel, pero también los estados de Europa occidental. Un colapso de la dictadura siria podría debilitar a Irán y fortalecer las presiones imperialistas que tiene en contra. En resumen: Siria, Irán, Hezbollah y la resistencia palestina, forman un “eje de resistencia” – frase empleada por un oficial del régimen iraní comprometiendo su apoyo a Assad – contra el imperialismo y el sionismo. Siria, como parte de esta alianza de resistencia, debiera ser defendida.

La revuelta contra el régimen sirio, por lo que sigue de este razonamiento, es principalmente un instrumento para los intereses occidentales –EE.UU., Israel, pero también regímenes pro-occidentales como Qatar y Arabia Saudita- para debilitar el eje de la resistencia. La insurgencia armada, apoyada por Qatar, Arabia y probablemente también por armas turcas, puede ser mejor vista como una guerra dirigida no sólo contra Siria, sino principalmente contra Irán. Aunque pueda disgustarnos el régimen de Assad, ese régimen tiene que ser defendido; auto-reforma del régimen, o quizás una solución negociada con Assad, es, internamente, lo mejor que podemos esperar. Pero mientras tanto, una derrota de la revuelta armada debiera ser aplaudida. Eso es básicamente lo que el blog Moon of Alabama, una fuente bien informada pero terriblemente unilateral, espera. La posición del World Socialist Web Site, trotskista, menos amistosa con Assad pero igual de hostil a la revuelta, se acerca también a esto. El sitio habla sobre una “guerra dirigida por EE.UU. para derrocar a Assad”.

El análisis que lleva a dicha elección es completamente errado. Primero, el anti-imperialismo de siria es doblemente falso. La dinastía Assad ha colaborado con el imperio estadounidense cuando lo ha estimado oportuno. El Padre Hafez, Assad el viejo, envió soldados sirios junto a tropas de EE.UU., Inglesas, Árabes y otras tropas, a combatir al estado iraquí en la Guerra del Golfo en 1991. Bashar Hijo, Assad el Jóven, amablemente aceptó los prisioneros que los EE.UU. enviaron a Siria para ser “interrogados”, y después del 11/9 colaboro generalmente con la inteligencia norteamericana en la lucha contra Al Qaeda. Además, el ejército sirio fue bastante malo combatiendo a Israel, pero bastante bueno reprimiendo palestinos en el Líbano, igual que ha sido experto bombardeando Damasco y Aleppo estos días. Siria, como parte de un eje de resistencia, fue y sigue siendo, una broma. Siria como enemigo de todo lo que incluso parezca resistencia real, sin embargo, no es divertido del todo.

Hay un sentido más profundo en el que el anti-imperialismo del régimen sirio es falso. El estado sirio, y sus aliados de negocios, representan intereses capitalistas locales. Su alianza con el régimen iraní los hace parte de un bloque de poder regional, centrado en Teherán; las conexiones con Hezbollah y Hamas le dan a este bloque un poder adicional, la retórica de la resistencia, a menudo combinada con toques de identidad Shií contra la identidad Suní, forma la mezcla ideológica que justifica las cosas. Detrás de la retórica y la ideología hay poderosos intereses estatales y económicos. Que Irán se esfuerce en lograr capacidad nuclear –con o sin una dimensión armada- no es sorprendente. Lo que vemos aquí son los intereses y ambiciones de un bloque imperialista regional bajo el liderazgo iraní, del cual forma parte Siria, un cómplice voluntario si se quiere.

Las cosas no terminan aquí. La alianza regional Irán-Siria está conectada a poderes mayores, China y sobre todo, Rusia. Siria ha sido armada por Rusia desde hace largo tiempo. Rusia ve a Siria como un aliado restante en un tiempo donde la mayoría de los estados se han inclinado –o han sido forzados- a los brazos del imperio estadounidense. Rusia tiene una base naval en Siria. Además, Rusia está preocupada por los movimientos jihadíes en su frontera sur, y considera que el régimen sirio oficialmente secular –que aplastó una revuelta de la hermandad musulmana, represión que culminó en una masacre estatal en Hama en 1982- como parte de la lucha contra el “fundamentalismo musulmán”. Todo esto, y probablemente más, hace a Siria una parte menor de un bloque imperialista mayor, liderado por Rusia.

La defensa de Siria contra la insurgencia armada –incluso si aceptamos que esta insurgencia es una fuerza de combate dirigida por intereses de occidente/arabia/Qatar- significa alinearse con un ala del imperialismo dirigido desde Moscú contra un bloque aún más grande liderado Washington. Apoyar a Assad es alinearse con el ala más débil de los imperialismos. No hay nada remotamente anti-imperialista, progresista o revolucionario sobre esta elección.

Es también erróneo apoyar el régimen de Assad por razones internas, como si se tratara de un “baluarte contra el neoliberalismo” o algo por el estilo. Sí, el partido Baath impulsó reformas durante los sesenta, y algunas de estas reformas beneficiaron a los trabajadores y campesinos pobres. Sin embargo, la cosa fue burocráticamente controlada desde arriba; Siria se convirtió en un estado de bienestar muy autoritario, con ese estado como guardián del capitalismo. En 1970, cuando Assad padre tomó el poder, el régimen ya había empezado a cambiar. Assad hijo presidió las reformas neoliberales, lejos de los aspectos del estado de bienestar, y lejos del predominio estatal en la economía. Aceleró las reformas neoliberales que minaron la limitada seguridad económica existente. El acuerdo básico, implícito, entre el régimen y la población –nosotros obedecemos y esperamos que nos den comida y refugio a cambio- se quebró. Una camarilla burocrática opresora, pero un tanto paternalista, evolucionó en una forma de mafia.

La ira enraizada en la inseguridad sentida por población que ya es pobre, es una de las fuerzas motoras que llevaron al estallido de la revuelta. Las protestas generalmente empezaron en barrios pobres, en los suburbios de las ciudades donde vive la gente de origen rural. No es casual que Aleppo, un lugar relativamente próspero, sólo recientemente se haya vuelto escenario de la rebelión; mientras lugares pobres como Deera vieron protestas desde el comienzo. No es casual que la gente la clase empresarial en general se mantuvo apoyando, o al menos tolerando al régimen hasta hace poco, y sólo haya cambiado a una posición en el medio: dudando entre buscar regufio bajo la dictadura de Assad, o buscar nuevos protectores bajo un nuevo liderazgo. La columna vertebral de la revuelta –aunque se expresa con demasiada frecuencia de una forma reaccionaria- siguen siendo los habitantes urbanos y rurales –pero no exclusivamente- suníis. Esto, por cierto, hace que cualquier rechazo de la revuelta completa como nada más que una fuerza dirigida por poderes reaccionarios, sea muy injusto.

En suma, el régimen no es anti-imperialista. Tampoco es seriamente anti-neoliberal. No debiera ser defendido o apoyado. Tiene que ser rechazado totalmente, y no dar ninguna disculpa de tono progresista. Los pobres y oprimidos en rebelión no merecen burlas. Cualquiera que sea la posición que alguien pueda tener, ciertamente no puede ser del lado de la mafia gobernando y explotando Siria con medios brutales.

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