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Un regalo es un sacrificio

«Los invito al desierto, voy a dejar ofrenda porque nació mi hijo», escuché decir a mi amigo huichol desde el teléfono. El nunutzi estaba sano, pese al pronóstico clínico.

A medio camino entre San Luis y Zacatecas nos esperaba. «Un trabajo sencillo» advirtió el compa. Así aclaraba que la caminata no tendría la severidad que los marakate acostumbran aplicar.

Recorrimos los manantiales y los lugares tradicionales. Al tercer día llegamos a Las Margaritas. La noche fue tranquila. Por la mañana, con la noche aun encendida, se hizo una plática informal. «Ya ven que mi trabajo es sencillo, no soy un marakame«. Entonces la pregunta; oye ¿cuál es el significado de Viricuta? «Es el paraíso… pero está siendo destruido». Tú qué piensas que deba hacerse, le preguntaron. Estuvo unos momentos en silencio mirando al fuego, luego respondió; «Sacrificarse. El tewari y el virrarika deben sacrificarse para salvar a la Tierra». Apartó los ojos del fuego y con gesto de asombro agregó «pero yo no dije eso, no fui yo». Las palabras le habían salido de manera automática.

Tiempo después, en otro sitio retomamos la conversación, centrándonos en aquellas palabras pronunciadas. Se descartó considerar como sacrificio aquellos rituales con víctimas inmoladas, sin embargo, definió que el sacrificio debía hacerse con «corazón valiente», también tendría que ser consiente e íntimo, previo al desapego y no implicaba necesariamente la muerte. Eso y un montón de cosas más.

Esto sucedió hace años, y me viene a la mente ahora que se intenta frenar la devastación usando formas gastadas.

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